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Por Graciela Guerrero Garay    Foto: De la autora

Las Tunas.- Nunca acierto con el horario en que los colectores de basura estén limpios, al menos en los alrededores de los edificios multifamiliares del reparto Santos donde están enclavados el círculo infantil Futuros Constructores, el seminternado Rafael Martínez Martinez, una farmacia, comercios y los mercados de venta de alimentos y productos agrícolas Leningrado, además de kioscos privados de venta de comestibles ligeros y cárnicos.

Es una zona de gran población y, en esa medida, generadora de desechos de todo tipo y ante una recogida irregular y la carencia de otros envases (tanques, por ejemplo) que cubran la avenida Primero de Enero, donde residen más de mil personas es difícil eliminar esa desagradable imagen de mugre amontonada y tirada por doquier, a causa del viento y la lluvia que suele caer algunas tardes.

A la doctora y especialista en Medicina General Integral, María de los Ángeles La O, le inquieta que con los brotes de dengue y las enfermedades diarreicas propias del verano, más las indisciplinas de los moradores que tiran en los vertederos residuos que, según Servicios Comunales ellos no recogen, hay mayores posibilidades de la proliferación de vectores y roedores. A ello añade que es un asunto bien serio que no acaba de resolverse, ni por la población ni por esa entidad.

Los mismos estados de opinión comparten vecinos del área, más quienes viven cerca de los colectores por la fetidez que expande el aire o los estados de putrefacción que ocasionan las aguas. Si estas situaciones no las entiende la comunidad por su frecuente reincidencia, menos comprenden que chapeen los contenes de las aceras (sucedió en la avenida Primero de Enero) y dejen la hierba sobre las jardineras. Si de limpiar se trata, no se logró. Ahora, seca y mezclada con la humedad, el entorno es totalmente antihigiénico.

Estos temas simulan ser el cuento de nunca acabar. En el programa participativo de la radio “Latir del Pueblo” jamás escaparon de las quejas de los oyentes y, si bien, los directivos de Comunales disertaban sobre aparentes razones objetivas, confirmaban la denuncia y, tras el análisis, se recogía la basura. A los días, la situación era similar o peor.

Mirtha Beatón, residente del reparto La Loma, notificó que en las últimas semanas mejoró el ciclo de saneamiento, pero se pasaron un mes con el barrio en pésimas condiciones sanitarias. María Isabel Rivero, de la calle Aquiles Espinosa, esquina Israel Santos, no se explica cómo el trabajador de esa zona no recogió los desechos tirados, justo ahí, por un transeúnte que robó el saco donde un vecino los acumuló para su recogida. El hecho quedó grabado en unas cámaras de seguridad.

Independientemente de que las personas de cualquier parte deben ser responsables en cumplir los horarios permitidos para depositar la basura e, incluso, no botar la que Servicios Comunales no recolecta, este serio y complejo problema es una peligrosa asignatura pendiente.  La falta de recursos no justifica los riesgos ambientales a que están sometidas las comunidades y, menos, que los trabajadores de este sector dejen sus trabajos a medias o, simplemente, ignoren el objeto de su misión en plena vía.

Hay muchas preguntas abiertas ante esa suciedad que se encuentra por doquier, pero algunas no se apartan de mi mente: ¿Sienten pertenencia con sus desempeños? ¿Quién los controla? ¿Cuándo se acabarán las quejas? No me conformo ver manchada la ciudad ni aceptar que el tema sea un cuento de nunca acabar.