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Por Graciela Guerrero Garay         Foto: De la autora

Las Tunas.- Lo entrevisté hace casi un año, a raíz del aniversario 40 del primer número diario de este mensajero de papel. No hablamos de la muerte, aunque estaba enfermo. Me mostró al hombre incansable; un timonel insatisfecho, detallista y apasionado por el presente y futuro de 26, al cual dedicó sus mejores energías como cuadro del Partido y el que fundó desde su puesto de Director aquel amanecer de la Santa Ana, en 1978.

Responsable siempre, aceptó entonces su sorpresa por la decisión de que asumiera tan importante tarea y a ella, José Infantes Reyes, puso el alma y se vinculó irreversiblemente al periodismo tunero, a pesar de no tener experiencia alguna y acompañarlo únicamente el diploma otorgado en la antigua Unión Soviética por sus estudios en Ciencias Sociales. A partir de ahí, este periódico le vio sacudir insomnios en las madrugadas. O caminar por los viejos pasillos de la  redacción millones de veces, para prever, orientar o chequear las urgencias de las ediciones.

Apretar en escasas líneas la vida de este amigo y colega, es difícil. Más si sabes que partió cuando todavía quería dar más. O recuerdas su intensa labor como Jefe del departamento de Orientación Revolucionaria. O lo sabes recorriendo el país para buscar “cualquier trasto viejo para montar las máquinas” que, tiempo después, harían luz el proyecto de que en Las Tunas circulara con éxito el pregonero mayor. En esa entrevista confirmamos la sencillez y locuacidad que le ganó el respeto de los subordinados, junto al reconocimiento de sus superiores.

Infantes – como le llamaban casi todos – hizo de sus 10 años en 26 la razón de su existencia, pero el ímpetu le alcanzó igual para destacar como subdirector de la emisora provincial “Radio Victoria”, donde sus huellas de buen soldado están por todas partes con ese halo de disciplina y convocatoria crítica que le marcó el carácter y su honra de militante virtuoso.

Hay dolor por su partida.  El luto volvió a poner lágrimas en el gremio y abrió vacíos inllenables en la familia y los amigos, pero no borrará nunca esa estela de ejemplo y afecto que hizo de él un hombre bien querido y respetado. Descansa en paz, colega. Tus semillas están vivas. Eternamente serás un hacedor de ley.