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Por Graciela Guerrero Garay       Foto: Periódico 26

Las Tunas.- Justo a la una de la tarde del lunes 3 de junio, cuando el sol golpeaba sin piedad, los ómnibus 251 y 246 que cubrían las rutas 6 y 7 violaron sus recorridos de retorno, al no detenerse en las paradas del hospital pediátrico “Mártires de Las Tunas”, y el poligráfico “Alejo Carpentier”. 

El hecho generó un amargo malestar en los transeúntes a la espera, quienes vieron con insólita sorpresa sus esperanzas rotas, más cuando los carros circulaban vacíos, justo porque cubrieron sus rutas de ida, desmontaron a los pasajeros en el paradero final e incumplieron el itinerario de regreso.

La solidaria actitud del chofer de un ómnibus que iba hasta la Universidad, campus Lenin, fue el benefactor de los airados viajantes. ¿Qué justificación posible eclipsa esta indolencia?, dijo un matrimonio que esperaba con un niño pequeño: “Es inadmisible, aunque los sancionen, ya dañaron al pueblo”.

Sin embargo, ambas rutas entraron al hospital “Guevara” y siguieron el trayecto establecido. Lo comprobamos en la parada frente al alto centro docente la colega Yelaine Martínez Herrera y yo, víctimas también de esta inconsciente actitud de dos choferes, capaces de trasgredir sus deberes laborales y ciudadanos, en momentos donde este servicio es uno de los llamados a ser más eficientes y cooperativos.

Y sí, coincido con el criterio de la pareja afectada. Ya cualquier medida administrativa que se aplique a los infractores no quitará la imagen irresponsable ni el malestar generados por ambos. De lo que se trata es de hacer las cosas bien hechas, ser altruistas y humanos. Mucho más cuando la vida aprieta por las cuatro esquinas, el tiempo vale oro y las condiciones climáticas complican los días de quienes dependen, para ir al trabajo y a todas partes, de esas guaguas “Diana”, por demás incómodas, pequeñas e inestables. Las paradas siempre llenas lo demuestran.