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Por Graciela Guerrero Garay        Fotos: Ángel Antonio Chimeno

Las Tunas.-  Escucho su lamento. La mirada denota un pesar resignado, rendido, como de “será así hasta que Dios quiera”. Con la silla de ruedas es más fácil, pero no encuentra ayuda para trasladarse. Cuando despierta nerviosa, el bastón es tan inseguro como ella. Doy algo por no salir a la calle, dice; y sigue su camino.

Enilda cambió de manera brusca cuando murió el esposo. El dolor multiplicó los achaques y el gris de la vejez ganó la partida. Para males, no encuentra por donde caminar segura. Las fosas desbordadas entre los edificios que la rodean, baches, piedras, calles “improvisadas”, sin terminar, fangosas o polvorientas sobre un  terreno irregular, y los miedos a “esos locos que aparecen de repente en bicicletas, motos o caballos” convierten las gestiones cotidianas en inevitables pesadillas.

“No sé si se llaman barreras arquitectónicas, no entiendo de eso, pero sé del trabajo que paso para ir a la farmacia, la bodega, el policlínico y llamar por teléfono en la pública de la esquina. ¿La guagua…? Imagínese montar con un bastón, con lo repleta que andan. Ya le digo, doy algo por no salir de mi casa”, afirma.

Resulta un tormento psicológico y disonante transitar obligatoriamente por lugares con escalones, aceras carcomidas, escaleras, pisos resbaladizos, rampas inclinadas, huecos, pendientes fangosas, calles empedradas y vías estrechas, sin aceras, con postes mal ubicados y árboles bajos o descuidadamente sembrados, entre muchos otros objetos peligrosos que hacen tambalear los pies y los sentidos. Nadie escapa de ese impacto, ni los niños.

Tal ruptura de la lógica armonía urbana – o vial – es muy compleja para quienes por causas diversas tienen dificultades con la locomoción, la visión y la salud. En Las Tunas este complicado asunto de las llamadas barreras arquitectónicas – también sociales -  es evidente y visible, con mayor fuerza en su capital.

Ello obedece a un desarrollo importante y sostenido desde las últimas décadas en transformaciones constructivas, remodelaciones e inversiones. El Proyecto Imagen, bien recibido por todos, es el rostro palpable de esa realidad.

¿TEORÍA VS PRÁCTICA?

El reconocido arquitecto Domingo Alás Rosell afirma que la Empresa de Diseño e Ingeniería, conocida como CREVER, está obligada a cumplir con las normas que establecen la accesibilidad a los espacios arquitectónicos y urbanos. “Me estoy refiriendo a la norma NC 191 del 2010. Desde aquí, todos los proyectos que salen tienen que haber resuelto el problema de las barreras arquitectónicas”, puntualiza.

Sin embargo, reconoce que existen incontables violaciones al momento de concretar las obras y considera que el tema “no son los escalones. Estos representan una barrera para las sillas de ruedas, pero hay muchas cosas que las tipifican y afectan no solo a los minusválidos, sino a toda la población, porque la minusvalía puede ser permanente, temporal o instantánea “, argumentó.

Ejemplificó con personas a quienes les falta una pierna o es ciega (permanente), llevan un yeso o un ojo tapado (temporal) y las que se entretienen o caminan meditabundos, - por alguna razón - , y no ven un obstáculo (instantánea).

En ese sentido, destacó los contadores eléctricos como una de las más comunes en esta capital, “pues los colocan en la calle  a una determinada altura para que pueda ser leído por el hombre. Sin embargo, sobresalen y ocupan un espacio fuera de la acera, y cuando pasa un invidente se golpea la cara, justo por coincidir con su tamaño”, agregó.

“Los pisos resbaladizos no permiten que se camine adecuadamente, y más fuertes aún son aquellos que reflejan la luz solar con mucha violencia, como los bulevares de la ciudad, donde predominan el blanco y los colores claros y, aunque usted lleve una sombrilla, la reflexión lo cocina por debajo.

“Esto hace que la gente transite mal y entorne los ojos, pero además la radiación que recibe, que no es directa del sol, sino difusa, produce cáncer de piel. A largo plazo es un grave problema para los seres humanos.

“Otra barrera son las transparencias, como las puertas de cristal. En determinados lugares existen, y no tienen una señalización que lo advierta y la gente choca con ellas. Es decir, no hay que ser minusválido para tener un accidente de este tipo”, puntualizó Alás Rosell.

MÁS QUE PINTAR BONITO

¿Vivimos en una ciudad inclusiva? “No”.  Según expertos, desde los bocetos comienzan a ponerse “columnas”, pues se ignoran los principios del diseño accesible, el cual se fundamenta en las necesidades de los discapacitados. Lo revalidan reconocidos profesionales tuneros.

Razones diversas rompen el equilibrio: el incumplimiento de las normas, la inconstancia en chequear la ejecución de los proyectos originales, la carencia de materiales constructivos y los cambios no consultados que hacen por su cuenta los inversionistas. Esta cadena crea las barreras sociales.

La doctora y máster en Longevidad Satisfactoria Xiomara Mercantete Rodríguez, especialista del Centro Provincial de Higiene y Epidemiología, dijo a 26 Digital que en el país hay una política con objetivos bien definidos para la atención al adulto mayor y, en ese sentido, inquieta mucho el asunto, más en una población envejecida como la nuestra.

“Mucho se ha hecho, pero falta integración entre los diferentes profesionales e instituciones para eliminar las barreras arquitectónicas. Desde lo psicológico daña la salud mental, pues se sienten seres discapacitados, que dependen de otros para andar. Es una necesidad trabajar en equipos multidisciplinarios para construir cualquier obra, y lo enmarco en los Hogares de Ancianos y las Casas de Abuelos, para valorar en detalles lo que deben tener dentro de ellos.

“Hablo, incluso, que si se va a remodelar o hacer un baño hay que ponerle las agarraderas, para que se sujeten al incorporarse de la tasa sanitaria o al usar la bañadera. Son importantes los muebles que les damos. Todo tiene que ver con el bienestar del adulto mayor que está allí o en el seno de su familia.

“No deben exponerse a los riesgos que presuponen los diseños actuales. Hay que proporcionarles disfrutar esta etapa, que es  también de desarrollo humano. Al requerir de cualquier servicio público u hospitalario chocan con el archirrepetido vocablo, y se someten a una serie de obstáculos visibles del entorno, perjudiciales para la apreciación de utilidad que puedan tener de sí mismos e, incluso, llevarlos a un estado de pesar por el paso del tiempo y la vejez, cuando debe ser lo contrario”, asegura la doctora Xiomara.  

No menos inquieto está el también prestigioso doctor Luis Mengana Castillo, especialista de primer grado en Medicina Interna y Máster en Longevidad Satisfactoria. “Creo que las ciudades deben cambiar. Las casas tienen que transformar su diseño. Nadie las construye pensando en que va a cumplir 60 años; la concibe creyendo que siempre tendrá 20, 30 o 40”, enfatiza.

Se enfoca en que ignoran las barreras y predominan los inmuebles de varios pisos. A nivel social se trata de hacer algo, pero la mayoría de las inversiones las incrementan, con el aumento del riesgo público, sobre todo para los ancianos, muy vulnerables a caídas, fracturas  y daños como el encamamiento, el cual puede generar una neumonía y la muerte, argumenta Mengana.

OTROS “ESCALONES” SUELTOS

El transporte público constituye una de las barreras más populares en la vida cotidiana, al margen de la edad y las limitaciones físicas. Los coches son punto y aparte. Amén de los precios, su altura y lo estrecho del estribo los convierten en una alternativa imposible, solo viable “cuando no queda más remedio”, expone Adela Gómez, aquejada de Glaucoma y serios problemas de visibilidad.

La urgencia de buscar soluciones inmediatas a este complejo proceso puede estar resumida en las palabras de Domingo Alás:

“Falta conciencia, y hay entidades que remodelan y hacen rampas sin los ángulos requeridos, o no las hacen. Al hospital “Guevara”, que tiene que ser un gran ejemplo para romper las barreras arquitectónicas, se le hizo una modificación para entrar al cuerpo de guardia por una rampa para autos. Cuando usted baja al enfermo y lo monta en una silla de ruedas, tiene que cargarla para entrar, porque hay unos escalones de por medio.  Eso lleva años ahí, delante de todos”.

En un mundo donde se imponen rascacielos, edificios múltiples y la tendencia de aprovechar el espacio “hacia arriba”, unido a la enredada madeja que abarca desde lo económico hasta lo estético funcional de la belleza arquitectónica, es difícil detener y notar a priori un cambio en los estilos constructivos modernos, gerentes del bienestar saludable de las personas en sus espacios de vida.

Sin embargo, nada puede ponerle barreras al raciocinio, al diseño inteligente, eficaz, práctico y sobre todo imprescindible. La naturaleza da señales de la necesidad del cambio, desde el entorno hasta ese pedazo interior donde levantamos y preservamos el patrimonio familiar.

Domingo Alás es claro al tratar de resumirlo: “Hay que unirse. Además del proyecto que resuelve este problema, está el constructor, el inversionista  e incluso los suministradores. Es importante involucrar a todo el mundo, y el interés de los gobiernos municipales y provinciales, de la parte política que se preocupen y exijan por esto”.

Los términos consciencia y cultura, enfocados desde la minusvalía que genera la vida moderna con los accidentes, fallas congénitas, ceguera y eventos transitorios tomaron vuelo de urgencia en ese imperativo que está sobre la mesa y oprime el corazón de Enilda: no más barreras, caminar por suelo firme es el primer signo de un despertar feliz.