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Por Graciela Guerrero Garay     Foto: De la autora

Las Tunas.- Cuando conocí hace dos años a la pionera Diana Karla Grau Gómez recordé el poema “Romance de la niña mala”, de Raúl Ferrer. Cursaba el quinto grado y pocos apostaban porque pudiera lograr sus sueños. La veían desaliñada y con bajos rendimientos académicos para ser atleta, esgrimista, como quería ser. Hoy es una triunfadora y terminó con promedios superiores a los 90 puntos el séptimo grado, en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) Carlos Leyva González, de esta ciudad.

Es una jovencita, pero sigue con el pelo rebelde, de auténtica jabá, el cual se alisa para las fotos. Mientras, no esconde la alegría por regresar de los Juegos Nacionales Escolares, celebrados en La Habana, con su mejor y primera experiencia en un evento de ese tipo, “pues pude combatir con mi arma, el sable, y poner en práctica lo que aprendí en la especialidad. No traje medallas en lo individual, pero el equipo sí, y el año que viene entro en una categoría superior. Tengo 12 años. En las otras competencias, sí”.  

Su determinación me devolvió a la niña del seminternado Rafael Martínez Martínez que juró ganar las lides municipales y provinciales con la espada y, desde el círculo de interés, trajo los diplomas al centro. Fue la estocada de triunfo a los vaticinios de sus compañeros, quienes no creían que Diana llegara tan lejos. Las instructoras valoraron el talento y la EIDE le abrió puertas. Sus sueños comenzaron a rodar con resultados concretos.

Las pasadas vacaciones vino a darme la noticia y prometió que sería la mejor deportista de Las Tunas. En estas, trae galopante y eufórica la vivencia de los Juegos Nacionales y la buena historia de su vida en el deporte, una pasión que defendió con carácter en la enseñanza primaria y por la que puso en aprietos a la mamá, al no querer matricular en la secundaria básica que le correspondía.

“Yo no quería ninguna secundaria. Quería, la EIDE, ser esgrimista, por eso apenas llegó al seminternado la posibilidad de los círculos de interés deportivos me matriculé en esgrima”, dice resuelta a buscar esas medallas que siente esperan por ella en algún espacio de tiempo futuro. Apenas comienza su largo camino, pero ya ganó una plaza en los Juegos Nacionales y sus metas están firmes, como para matar a incrédulos.

Ahora vuelve a sobrevolar el poema de Raúl Ferrer… Diana siempre fue cordial, compartía la merienda como nadie, se fajó más de una vez por las injusticias cometidas contra una amiga, se esforzaba en sacar mejores notas así, con el “jabao” subido y rebelde y esa mirada triste que refiere una infancia con ciertos algoritmos familiares. Sin embargo, dijo que lucharía por ser esgrimista y lo alcanzó. Con los años, apuesto por sus medallas de oro.