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Por Graciela Guerrero Garay          Fotos: Reynaldo López Peña

Las Tunas.- Amaneció dulzón y “jugueriego” por el barrio, donde las vestimentas bonitas y los atuendos delatan la salida inmediata hacia el lugar escogido. Es el tercer domingo de julio y pocos ignoran que es el Día de los Niños. Para ellos, eternos elegidos en recibir amor por estas tierras, es el festín especial en las comunidades, centros recreativos infantiles y las instalaciones de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM).

Por doquier hay alegría, matizada con un sol ardiente desde que empezó su ronda mañanera. Un amplio programa de actividades culturales y deportivas se habilitó a tiempo para esperarlos en la ciudad, los círculos sociales rurales, ríos, playas, piscinas. Los más pequeños disfrutan más, pues siempre vienen de vueltas con golosinas, libros, juguetes y alguna novedad entre sus manos y ojos chispeantes de picardía.

Otros deciden celebrarlo a su manera y buscan sus espacios habituales en los parquecitos del barrio, juegan al fútbol, a la pelota; vuelan papalotes o, simplemente, se sientan en sus lugares favoritos a jugar con los celulares o comunicarse por “Zappia”. 

El domingo casi agota su mañana en el reloj y por doquier hay un chico y una chica feliz. Es siempre así. Marca la diferencia esta vez que Cuba les dedica el día y los programas del divertimento tienen esa intención, todo está en función de convertirlo en un homenaje inolvidable.

Cuentan, entonces, que acá en el Zoológico de la ciudad y su Parque de Diversiones, los “monos” le sacaron la lengua a Jorgito y las bicicletas acuáticas no alcanzaron a tanto. ¡Hasta muecas e imitaciones hubo por ahí!

Nada, que la felicidad calza aquí zapatos sencillos y nada pomposos si se viene a ver, pero trae una magia indescifrable, contagiosa. Creo la culpa es del amor, la valía y esa gracia superinteligente y espontánea que personaliza y distingue a los infantes nuestros, los tuneros. Por suerte, Las Tunas es cualquier parte… Cuba, donde nada es más importante que un niño.