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Sobre el pecho de Cira muchas medallas hablan de su entrega

Por Graciela Guerrero Garay  Foto: De la Autora

Cira Juana Hidalgo Mulet es una mujer cargada de historia, valentía y fervor revolucionario. Aunque suele decir que los achaques son más fuerte que ella, jamás pierde la voluntad de defender lo justo y cuidar su Revolución, tal como lo hizo su esposo y militante ejemplar José Manuel Caraballo, ya fallecido, pero su eterno compañero desde la lucha clandestina.

Conoce cual la palma de su mano la trilladera de café, como los secretos de los montes de su natal San Germán, en Holguín.  En el Día Internacional de la Mujer las memorias de los tiempos en que apenas sabían leer y escribir las campesinas, son luces permanentes que no la dejan desmayar en la vejez.

Empatábamos los días y las noches, era una meta especial de la Federación, dice, y fue como ver salir una matica de la tierra; empezamos a vivir. Y las manos se mueven en señal de alegría por ver que esta importante fecha es para recordar sueños y abrir caminos de esperanzas, mientras en el resto del mundo crecen las huelgas y las demandas por los derechos femeninos.

“Trabajé mucho y sigo trabajando hasta donde la salud me dé, y pasé 13 años, hasta no hace tanto, de jefa de un bloque con 10 delegaciones. Orgullosa estoy de haber podido conocer a Vilma Espín. Las tuneras nos crecemos, y es muy difícil hablar de una celebración de este tipo sin vincularla a nuestra organización. Le debemos cuanto somos las cubanas, y especialmente a nuestro inolvidable Fidel”, enfatiza.

Cira es así, fuerte y dulce, convencida de que las mujeres no nacieron para darse mecidas en un sillón de mimbre, aun cuando sus serias dolencias le ralenticen el paso, se moleste mucho por olvidos e injusticias injustificadas y el cansancio le pese demasiado, sobre todo cuando las tardes se hacen muy largas sin su querido compañero de vida, ideas y amores sin olvido.