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Difícil apretar en pocas líneas el trabajo de esta maestra

Por Graciela Guerrero Garay      Foto: De la Autora

Desde pequeñita, la mamá le sembró el encanto de enseñar a los más chiquitines. Cada día, al regresar del círculo infantil donde trabajó, le contaba las anécdotas y ponía delante de sus ojos el mundo que es hoy la pasión de Marleydis Alarcón García, licenciada y máster en Educación Prescolar.

 En 21 años de trabajo, apretar en pocas líneas sus entregas en educar a cientos de escolares de la primera infancia es complicado, porque esta mujer es conversadora por excelencia, hace de las clases un sitial de amor y no olvida un detalle de los centros en los cuales perduran las huellas y el cariño a los compañeros, sobre todo aquel camino de Aguas Blancas, en Jobabo, donde hizo el servicio social y rencontró a  quienes fueron sus maestros, devenidos colegas.

“Sin el apoyo de mis padres, mi hermano y mi esposo creo que nada hubiera sido posible”, dice y recuerda la intensidad de enseñar los colores y las figuras geométricas, la seguridad de los primeros trazos, los valores…, en aquellos lejanos tiempos en que era una joven con 19 primaveras y el aula el mejor de los jardines.

No es menor ahora el sacrificio ni las horas necesarias para que sus alumnos, del grupo 18 –B de la Escuela Pedagógica Rita Longa de esta ciudad, sientan que su profesora es la amiga y consejera, además de una docente empeñada en que aprendan y amen la carrera. Más de una vez durmió en el hospital para cuidarlos, mientras sus familiares llegaran de los municipios.

Entonces una disfruta con ella el enorme sentido de sus sentimientos: “Soy una mujer realizada, profesional, madre orgullosa de Yoselín y Javier, de mi esposo Jose, de mi papá y hermano, de mis compañeros de trabajo, y de vivir en Cuba”.