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Por Graciela Guerrero Garay      Foto: Cubadebate

Las Tunas.- Quizás parezca olvidarme de los grises, pero es inevitable pensar cuando camino por cualquier calle, sea de alta o baja circulación vial, que será muy difícil reducir la cantidad de accidentes del tránsito con el mal estado de las carreteras, la “loca carrera” de los choferes y la cantidad de ciclos, personas ancianas y distraídas que marcan las rutinas de esta urbe.

Esa prisa parece calmarse a altas horas de la noche, pero entonces la oscuridad cobija con sus riesgos. Menos se notan los baches, los vehículos circulan con focos defectuosos, las bicicletas sin ninguno, los cocheros hacen galas de su libre albedrio, muchas avenidas a media luz o apagadas, los barrios igual. En fin, toda una conspiración ambiental para que quienes no miden consecuencias ni actos pacten en silencio con la tragedia.

Sobre el pavimento los llamados pasos de líneas – que atraviesan de Este a Oeste las principales avenidas– hace mucho esperan por una mirada responsable que los lleve al nivel necesario, ante el desgaste del tiempo. Y es peor cuando vemos como, sin piedad alguna para el vehículo ni sus pasajeros, ciertos choferes (casi todos estatales) los cruzan sin parar como es debido y a una velocidad inadmisible al raciocinio.

Aunque se observa el movimiento de asfalto por determinados lugares, ante tantas quejas reiteradas por diferentes medios, la calidad hace pensar que sobran recursos para la chapucería, pues si hay pocos deberían usarse mejor y luchar porque sean duraderos, en lo cual incide que no se trabaja de manera integral ni cohesionada al pasarse por alto la caída del agua, la carencia de aceras, los salideros existentes, etc.

En los pasos peatonales confieso haber quedado sin aliento más de una vez. Los carros, incluidas las guaguas locales, se detienen a tan escasos metros de las líneas de cebras que parece van a atropellar al transeúnte, sobre todo si son ancianos, a quienes muchas veces tienen que socorrer por el estado de nervios provocado por la imprudencia, en tanto el culpable sigue su destino sin enterarse. Aconteció el miércoles 21 de febrero, sobre la una de la tarde, frente  al mercado El Serrucho, pero es común en cualquier vía.

Los accidentes del tránsito en la provincia alcanzaron en el 2017 la cifra de 428, 52 más que en el año anterior. Aunque el número de fallecidos disminuyó, crecieron en 77 los lesionados, con las consiguientes afectaciones a la economía, el pesar para las familias y la inhabilitación temporal – a veces para toda la vida – de muchos trabajadores.  

El 2018 comenzó también con sucesos de este tipo  y las cifras parecen ir en aumento. En un reciente análisis de la Comisión Provincial de Seguridad Vial se reconoció la alta accidentabilidad del territorio, y ese balance arrojó que una de las deficiencias es el deterioro excesivo de las carreteras y caminos, de los que se reporta en buen estado solo el 18,6 por ciento de los tres mil 665 kilómetros del patronato.

A ello se suma que no siempre los medios de transporte de organismos y empresas circulan con la correspondiente certificación técnica, otra de las causas valoradas como influyentes en la ocurrencia de estos fatales eventos.

Aunque las medidas para disminuir los riesgos estén bien precisas, no basta. Hay que llevar a vías de hecho cada acción y, sobre todo, controlar. Los choferes tienen que sentir el rigor de esta exigencia pues, amén de la imprudencia de los peatones, ellos son los que van al volante y si hay peligros viales,  ser los primeros en minimizarlos. Ahí les puede ir la vida y la de muchas personas.

No se puede seguir escuchando como una noticia cualquiera que en Cuba en el 2017 ocurrió un accidente cada 47 minutos, un lesionado cada una hora y un fallecido cada 12. Y Las Tunas, para mala ventura, muestra una espiral en ascenso desde el 2010, con las únicas excepciones del 2011 y 2012, en los cuales sucedieron 321 y 309, respectivamente. Coincido con quienes dijeron a 26 que se vuelvan a ver las patrullas de tránsito por doquier, como en los viejos tiempos.