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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: De la Autora

Los años no le quitan el ímpetu y esa rebeldía innata que le marca el rostro, tal como si fuera demasiado seria para todo. Quizás su mayor secreto ante el magisterio sea la dulce rectitud de su carácter, que funde en mezcla de amor y exigencia cada lección de clases. Los alumnos no la olvidan y las más de las veces, cuando aparecen por los caminos de la vida, son quienes la identifican y tienen que refrescarle la memoria. Recuerda enseguida.

-          Es grande para uno estar, por ejemplo, en una consulta o de visitas en el hospital y sentir cómo de pronto un médico se te para delante y te dice “¿usted no se acuerda de mí? Muchas veces no me acuerdo, eran niños y niñas, ya son hombres y mujeres, bien adultos algunos, y son tantos los que pasaron por mis manos…

Deja la frase inconclusa y creo ver cierta humedad en sus ojos. Martha Casanovas Valdés siempre será aquella muchacha bien delgada que, de forma voluntaria y buscando la manera de abrirse veredas, recorría las calles de Marianao, en su natal La Habana, para ejercer el magisterio.

-          Empecé en el año 1967. Recuerdo que cubriendo vacantes. Estudiaba y trabajaba. Siempre me ha gustado enseñar, pero convencerme también de que los muchachos aprenden. Hasta que no hacen las cosas razonadas y conscientes estoy ahí. Tal vez por eso no me olvidan.

Abnegación y entrega, constancia y superación cotidiana, le hacen un abultado expediente a esta maestra cubana y tunera por adopción. Medallas, diplomas, certificados, reconocimientos y un respeto eterno de sus compañeros y discípulos avalan su vida laboral y propia hasta los días de hoy.

-          En 1992 me hice Licenciada en Educación Primaria y por casarme con un tunero, vine a Las Tunas en enero del 76. Trabajé muchos años en el municipio de Majibacoa. Fue una etapa de trabajo muy intensa, pues era zona rural y tuve a mis hijos, Yuri y Yurdelys. Aquí empecé a tener mi pleno desarrollo del magisterio, a formar las generaciones de muchachos y muchachas que hoy son esos profesionales que me encuentro por ahí y me hacen revivir cada día.

Se alisa su pelo cano y suspira. En esa cabellera de plata están tejidos los sueños de una maestra que enseña matemática y español como una tejedora, punto a punto. Dígase con la tarea adjunto, la comprobación  inviolable y la disciplina obligada.

La caligrafía y la ortografía son para ella vitales. Imparta la asignatura que imparta, parece un cocuyo sobre los renglones.

-          Es muy desagradable cualquier texto sucio, lleno de talladuras, la letra jorobada y las faltas de ortografía. Para mí eso es tan importante como saber leer y contar. Me jubilé en el 2002 y nunca he dejado de dar clases, porque siempre tengo algún alumno que apadrino, doy repasos, ya sea a mi nieta, un vecinito, ayudando a mis compañeras que me piden determinada atención con quienes tienen retraso escolar…

Ciertamente es así. Martha jamás colgó en la pared su hábito, el cual complementa con ser la presidenta de su Comité de Defensa de la Revolución (CDR), una actividad constante en la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la primera en apoyar cuanta tarea se necesite en el barrio y la comunidad. Siempre dispuesta a dar experiencia y amor, sus sabios consejos y la sonrisa que acompaña en ese constante batallar porque todo se haga lo mejor posible.

Eternamente maestra es esta cubana, quien por estos días de homenaje a los educadores recibe besos, abrazos y flores junto al divino regalo que le devuelve la vida cuando, tal como cuenta, se le paran delante, bien crecidos, médicos, maestros, abogados, licenciados, oficinistas, estomatólogos, albañiles… seres humanos agradecidos de esas manos que le moldearon el alma y le colocaron los pies en los caminos más buenos.