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Por Graciela Guerrero Garay        Fotomontaje. G.G.G

Cae la noche, no parece diciembre. Un viento, con rachas de calor, recuerda al otoño cuajado de verano. Se va este martes. La ciudad trae un hipo de silencios y ruidos, no esos ruidos estridentes de siempre. Nadie puede negar la nostalgia. Por doquier se comenta la triste fortaleza de estos días.

En los centros de trabajo y estudio muchos comparten lo que no pudieron decirse en las grandes filas que llenaron, como nunca, la carretera central de Las Tunas. Zoraida, una jubilada de la emblemática tabaquería tunera, me detiene en medio de la acera para decirme que sus familiares de Sancti Spíritus la llamaron para reconocer cuán grandioso fue el homenaje en esta tierra. Hay otros, que al recordar tanta fuerza emotiva, no pueden evitar el temblor de la voz o la humedad del iris.

¿Quién no sabe, ante la partida de alguien  bien querido, que con los días se te llenan de escarchas las esquinas del alma? Es un vuelo obligado la tristeza, la asunción de la idea, los recuerdos y las añoranzas.  Faltan horas para el 7 de diciembre, la caída en combate del Titán de Bronce, el General Antonio Maceo, y su ayudante Francisco (Panchito) Gómez Toro, el tercer hijo del Generalísimo Máximo Gómez. Nuevamente el encuentro con la historia, el respeto a los mártires, el compromiso… y esa sed enorme de dar en flores por los camposantos  la gratitud y el cariño.

Cuba en ristre, montada en el pedestal de las batallas. Otra vez los tuneros en compacta peregrinación a homenajear sus héroes, allí donde la evocación en un himno y el luto los fulgores del sol, ese sol que por suerte despierta cada mañana para todos.

Son amores nacidos desde la manigua los que vibrarán, con el alba del miércoles,  sobre un unicornio de gloria y de tristeza. Titanes que se funden en cada paso de la mística existencia de estos días… Maceo…Fidel… Fidel… Maceo… convergencia multiplicada de memorias y banderas. Un pueblo erguido de obreros, estudiantes, campesinos…de cientos de tuneros que vuelven a su historia. 7 de Diciembre es ahora, irrevocablemente, más gloria para la Patria.