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Por Graciela Gurrero Garay   Fotos: De la Autora

Es difícil. La mañana amanece con el ajetreo propio de los lunes. Todos van a la escuela o el trabajo, pero no se escuchan las jaranas ni los “buenos días” con tonos alegres y bullangueros de siempre. Desde el viernes en la noche hay un silencio enorme por toda la ciudad. Incluso, la mayoría de las calles y lugares públicos están vacíos.

Ahora todos están pendientes de la Plaza de la Revolución en La Habana desde sus hogares. Comenzó en la Isla de Fidel el homenaje póstumo. Los tuneros ya le rinden, como el resto del país, ese tributo tan bien ganado desde la Sierra Maestra. En la escuela primaria Tony Alomá, de mi Consejo Popular 18, colocaron el Libro de Firmas para los jubilados y los ancianos de la zona, para quienes no pueden llegarse al centro de la ciudad, al Memorial Mayor General Vicente García, a dejar sus flores, sus lágrimas y el agradecimiento eterno al líder de todos los cubanos.

Marchamos con Fidel. Pioneros, maestros, trabajadores, combatientes, pueblo. Esa es la palabra. Pueblo. Las generaciones de generaciones que siempre tendrán que ver con el Comandante en Jefe. A él le deben cuanto son, en todos los sentidos. Hay una tristeza enorme. Muchos piden hasta en el imaginario una máquina del tiempo. Sin embargo, por encima de todo, con todos, el camino está claro y bien hecho. Andamos y vamos a andar. El rubí brilla en la montaña.