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Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: Cortesía de la Entrevistada

Ya está en Venezuela “el carrito loco”, un piropo que la ilustra con toda la fuerza del cariño y la admiración que encierra. Por eso sonríe cada vez que su amigo le llama así. Lleva el nombre bien puesto, como si el destino estuviera rondando el momento de bautizarla. No creo que sus padres, en aquel entonces, supieran que Adela es de origen germano y significa activa, entusiasta, franca e independiente, con una gran voluntad cuando quiere conseguir algo.

¿Quién duda que tenga todas esas señales por la piel y el espíritu? Es difícil apretar en pocas cuartillas las vivencias de su andar y la pasión por cada meta o tarea, bañadas por un amor incondicional a la Revolución que trae de herencia, desde las luchas insurrectas de sus padres, dos combatientes a prueba de valor, riesgo y devoción por Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y Che Guevara.

En 1976, junto al doctor Luis Méndez Montenegro, abre como Técnica en Gastroenterología ese servicio en el Hospital General Mártires de Las Tunas –hoy el Pediátrico-.”Para mí –recuerda- Méndez Montenegro es el padre de la Gastroenterología en la provincia. Cuando se inauguró el hospital  Ernesto Guevara pasamos para ahí, con un servicio más amplío. Luego me incorporé a la universidad y me licencié en Laboratorio Clínico.”

Inquieta, con más de diez tareas en la agenda y miles en la cabeza, esta tunera en sus más de 40 años de trabajo tiene cientos de reconocimientos, diplomas, trabajos  voluntarios, la Medalla Piti Fajardo, la Distinción Solidaridad en el barrio, el Sello de Vigilancia Revolucionaria y el mérito de ser Vanguardia Municipal y Provincial, entre tantos que haría interminable la lista, donde destacan sus más de 30 años como dirigente sindical.

Menuda, pero con una fortaleza propia que te lleva a asociar tanta energía a su apellido Guerrero – Guerrera, como gusta que le digan-, es incansable para resolver sus problemas y el de los demás. “Mi pasión viene por mis padres. Ellos ejercieron en la clandestinidad la enfermería y siento que de ahí viene mi inclinación a vincularme con la Salud. Igual el magisterio. Siempre desde niña jugué a ser maestra y doctora. Por eso me hice Profesora Asistente.”

La conversación la traslada a Venezuela, donde acaba de recién llegar para continuar su segunda misión de colaboradora. La primera vez fue en el 2010, por dos años, en el Estado Bolívar. “Algo extraordinario para mí, porque cumplí el sueño de estar junto a Chávez y su pueblo, de vivir las alegrías del proceso bolivariano y sentir hondo el duro momento de su enfermedad. Lloré mucho su muerte y no lo creo todavía.

“Estar nuevamente allá, ahora en el Estado Táchira, como miembro de la Brigada Fronteriza José Martí,  en el CDI Capacho Independencia, es doblemente importante pues me identifico mucho con las luchas de Nicolás Maduro, y la compleja situación que existe en ese hermano país. Aquí tengo la satisfacción de impartir docencia al tercer año de Medicina y soy activista de Atención al Colaborador, además de ser jefa del laboratorio y atender las actividades político- ideológicas”.

Se multiplica y una se pregunta cómo hace para estirar el tiempo y contarte con una paz admirable que en el trabajo cederista y la Defensa Civil tiene cargos por más de catorce años, sin dejar de mimar a sus dos hijos, Raúl y  Erick, disfrutar con sus tres nietas, atender a su mamá y trabajar cada día en el “Guevara” con el mismo frenesí que admira las flores y se pierde en las sonoridades de la música romántica.  

Lleva el nombre bien puesto. Adela  Josefa  Guerrero González es como ese mar que le fascina. Un golpe de olas rebeldes, decididas, impredecibles y hermosas.  Transparentes cuando se pierden en la arena, tal como ella se entrega a la vida, al trabajo, a la familia y cultiva la amistad donde quiera que vaya. Un “carrito loco” lleno de fantasías y amores, incansable y dispuesto a echar cualquier tipo de carrera por su Revolución y el bienestar común. Una mujer cubana, tunera e internacionalista para más.