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Por Graciela Guerrero Garay   Fotos: De la Autora

Cuando el sol juega a encontrar el crepúsculo y, muchas veces, la luna simula el esbozo de los labios de Javier de Jesús, el armonioso toque de un bongó inunda la barriada. El ritmo viene de alto. Los vecinos, desde los balcones, buscan al protagonista, igual que el transeúnte de la populosa Avenida Primero de Enero.

En la cuarta planta del Edificio 64 vive el autor de la cubanísima melodía, causante de tal revuelo de admiración y sano orgullo de sus padres, Masleydis Alarcón García y José Hernández Rosabal, quienes lo llevan a las clases que recibe en la Iglesia Bautista y estimulan al pequeño de seis años, aferrado desde ya al sueño de ser “un gran músico cuando sea grande”.

A veces, entre las sábanas tendidas en el balcón, la menuda figura se pierde en las sombras del anochecer. El bongó delata su presencia y acompaña las notas de la guitarra de su hermana Yosselín, la cual anda por los caminos del arte desde muy niña y exhibe importantes presentaciones en las Jornadas Cucalambeanas, como parte del Proyecto Sociocultural La Monedita, dirigido hasta su muerte por Juan Manuel Herrera en la Casa Iberoamericana de la Décima.

Creo que eso viene en la sangre – dice Masleydis -, pues tres de sus primos de la familia Cutiño- Alarcón son músicos. Javier está en primer grado y aprende con facilidad. Su pasión ahora es el bongó y tiene a todos encantados con su interés y éxitos.

En el seminternado Rafael Martínez Martínez estudian ambos hermanos y comparten igual la vida escolar, aunque el próximo curso Yosselín irá a la secundaria, pero para él eso no es problema “porque tocamos en la casa, en las fiestas de la familia y en San José”, dice con esa timidez que sale al instante disparada cuando toca el instrumento.

Yosselín lo mira y “defiende” su parte: “Yo estoy en el Grupo Raíces, en el barrio San José y Javier va y toca, pero yo soy la tresera del grupo, toco el tres. Quiero mucho a mi hermanito y me gusta como es aceptado y toca la música cubana. Será un buen músico”.

Para que nadie lo dude se toman una foto juntos, mientras la tarde se va en el hilo de luna que adorna el cielo. Dentro de un rato el bongó de Javier de Jesús llenará de ritmo la barriada. Otra vez la pasión de este niño tunero tendrá a los vecinos en los balcones y la gente que pasa por la calle elevará la mirada. Siento entonces que un manto de alegre esperanza saluda otra de las bellas noches cubanas y esta ciudad de poetas y embrujos del oriente.