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Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: De la Autora

Yarima y Gianny andan locos de contentos al saber por el ultrasonido genético que su añorado bebé no tiene problemas y a las 19 semanas de gestación es un varoncito, con señales de ser tan alto como sus progenitores. Esta técnica de diagnóstico, totalmente gratuita en Cuba, los hace respirar aliviados y seguros.

Sin embargo, no todas las parejas logran la concepción aún cuando lo planifican o se atienden sus posibles anomalías, en tanto el tema de procrear en cualquier territorio del país es una necesidad vital para revertir las altas cifras de envejecimiento poblacional existentes hoy día.

 A Las Tunas, por ejemplo, un estudio sobre las tendencias demográficas hasta el 2050 le anuncia – según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONE)- que en las próximas tres décadas tendrá menos habitantes e incrementará por encima de un 30 por ciento el número de personas mayores de 60 años, aunque hasta el 2038 los tuneros crecerán y se mantendrán estables, superior a los 544 mil ciudadanos, fecha a partir de la cual empezarán a disminuir.

Embarazarse, entonces, debe ser un imperativo para quienes en edad fértil deseen formar sus familias y tener una descendencia sana y oportuna, tanto para disfrute y realización plenos de sí mismos y la sociedad. Ante tales certezas y las vivencias que compartimos con adolescentes y parejas jóvenes, observamos que no siempre hay conocimientos exactos de cuáles son los momentos idóneos para proyectar el nacimiento de un bebé, avalados por los investigadores de la salud reproductiva.

Indagar sobre el asunto nos llevó a otro estudio publicado en el 2013 por American Journal of Obstetrics & Gynecology, el cual afirma que durante el invierno se producen más embarazos pues los espermatozoides tienen mejor calidad, ya que en el período invernal la velocidad de nado de los mismos es más rápida y hay menos anomalías en el esperma que en otras épocas del año.

La publicación indica que investigadores israelitas analizaron muestras de semen de más de 6 mil hombres sometidos a tratamientos de fertilidad entre enero del 2006 y julio del 2009, y descubrieron una producción de esperma normal y más saludable durante el invierno en alrededor de mil 500 pacientes.

En quienes tuvieron – dice el estudio- una producción de esperma anormal, los espermatozoides alcanzaron mejor movilidad en el otoño y mayor cantidad en la primavera, por lo que el descubrimiento señala que los “patrones que presenta el semen en invierno y primavera son compatibles con el aumento de la fecundación”.

Eliahu Levitas, autor del artículo, explicó que el hallazgo puede justificar el crecimiento del número de fecundaciones durante el otoño, y los científicos señalan que los casos de infertilidad relacionados con la cantidad de espermatozoides deben ser alentados para elegir la primavera y el otoño para la reproducción.

Miembro de la Universidad Ben Gurión del Neguev en Beer-Sheva,  Levitas afirmó que esta investigación puede ayudar a las parejas con problemas de fertilidad por parte del hombre. La noticia difundida por Prensa Latina me inclina a pensar que el embarazo no es un golpe de suerte y que no solo cuenta el período fértil de ovulación de la mujer, porque aunque sea el esposo el del problema también hay momentos y “momentos” para él.

A punto de salir del otoño y entrar en el invierno vale, pues, tenerlo en cuenta, sobre todo si anda buscando un bebé y el por qué no  quedo preñada le entristece la mente. Tal vez su media naranja necesite un espermiograma y enfocar sus resultados a la estación más conveniente.