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Por Graciela Guerrero Garay        fOTOS: De la Autora

Quizás nuestro genial Gabriel García Márquez encontraría muchísimas razones para escribir y titular- a la inversa- la saga de su famosa novela El amor en los tiempos del cólera, de haberlo dejado la vida llegarse por acá. Siento esta sensación cada vez que transito por la mayoría de las calles barriales de nuestra ciudad. ¡Todas tienen un basurero en algún sitio!

Deficiencias aparte que pueda tener, y TIENE, Servicios Comunales en sus horarios de recogida, disponibilidad de cestos, cajones y calidad de la limpieza que realizan algunos de sus empleados –léase barredores y recolectores de desechos-, la insensibilidad ciudadana es evidente ante los llamados de las autoridades sanitarias a mantener y priorizar la higiene.

Toda una paradoja irracional cuando escuchas a las personas hablar con temor de los índices de infestación de virus como el dengue y el cólera. Lo comentan de una manera tan “galáctica” que me hacen sentir que soy de otro planeta o ellas viven en cierta onda orbital, muy ajena a nuestra realidad. La prueba está en que tiran animales muertos en la vía pública, dejan que la hierba les coma los patios de sus casas y los alrededores, hacen sus necesidades donde les apriete el deseo y hasta botan los desperdicios de alimentos en el primer solar yermo que les quede cerca.

La gorda se arma si viene un inspector a imponerles la multa. Hay tela para cortar y la reacción común es tratar de virar la pelota al revés. Es una injusticia de plano…,  los carretoneros no pasaron a su hora…, la fosa de la esquina está drenando y no vienen a limpiarla (hecho real y recurrente. Hay demora en la respuesta) y cómo no ven eso... argumentan de forma desafiante y luchan por evadir una responsabilidad y deber ciudadano para sí y los demás, al margen de las deficiencias de cualquier tipo existentes por parte de las instituciones estatales.

Sin embargo, no razonan estas personas inescrupulosas que atentan contra su salud, la de su familia y la vecindad. Ah… y la otra es que si algún vecino le llama la atención, te ganaste un enemigo para siempre. No hace mucho me contaron que por reclamar la higiene en un corral de puerco cercano a su domicilio, la señora en cuestión le hizo una brujería a la demandante, quien empezó a tener problemas de repente, fue a consultarse y su “madrina” se lo dijo con los caracoles. ¡Historia que muy bien hubiese tejido con sus musas nuestro García Márquez!

Un tema realmente en que debieran involucrarse más los factores de las organizaciones de masas en los barrios y los Delegados del Poder Popular porque, aunque busquemos los mil argumentos, la situación epidemiológica de la provincia lo requiere y esta capital, más vulnerable al riesgo por sus visitantes foráneos y ser vía común para acceder a territorios vecinos, no puede darse el lujo de incrementarlo.

Vale también que a pesar de los millones de recursos humanos y financieros invertidos para contrarrestar la proliferación, se piense en fumigaciones masivas que abarquen al unísono barriadas enteras pues el mosquito emigra y se esconde. Después, pica y enferma. Y usted, paisano, no tire la basura por ahí, son tiempos de moscas, ratones y cucarachas. Cuídese y cuídeme. El amor es vital en los tiempos del cólera. García Márquez no erró el título de su famosa novela, tal vez solo nos advertía que ahora como nunca hay que amar la vida. Y por esos basureros nauseabundos, créame, anda de ronda la muerte.