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Por Graciela Guerrero Garay     Foto: Cortesía del Entrevistado

De algún modo vi crecer a este chico que hoy me besa al filo de la acera. Viene de hacer ejercicios “porque estoy muy gordo” y se seca el fuerte sudor que se pierde allá en la comisura de sus labios, abiertos para expresar ahora: “Estoy feliz, ya soy médico”.

La alegría no es solamente suya. Sus padres Giselda Bárbara Mir e Idemaro Tamayo, ambos graduados de Historia y Ciencias Sociales,  les brota desde los ojos como un torrente interminable, tal como sucedió con los vecinos cuando llegó Idemaro Mailon de la graduación, vestido de médico y su Título de Oro. Nada de extrañar en una región donde la familiaridad barrial nace espontánea, además de ser una relación afectiva medular entre los cubanos en cualquier lugar del archipiélago.

Desde que estaba el joven galeno en el Círculo Infantil Campanitas de Cristal le gustaba el deporte, cuya preferencia mostró en el Seminternado Rafael Martínez durante la enseñanza primaria y lo atrapó igual en la secundaria básica. Tal pasión lo llevó, en el preuniversitario, a la escuela deportiva Aníbal Aponte y ganó la medalla de oro en la IV Olimpiada Juvenil en Karate- do. “Ser campeón nacional fue mi sueño y lo logré, pero no quería quedarme ahí, deseaba tener estudios superiores y me preparé para los exámenes de ingreso”, afirma.

“La Medicina también fue una inquietud en él – cuenta su mamá -. Aprobó las pruebas de ingreso con excelentes notas y en el curso 2009-2010 ingresó a la Universidad de Ciencias Médicas Zoilo Marinello, de Las Tunas. Idemaro siempre ha sido muy estudioso y responsable. Verlo graduar con Título de Oro y merecer el Diploma de la Vanguardia “Mario Muñoz Monroy” es algo muy grande. Pronto partirá a Venezuela, pues se preparó en el Diplomado de Terapia Intensiva en pacientes adultos mayores. Estamos muy orgullosos de nuestro hijo”.

Idemaro se gana el cariño y el respeto de cuantos le conocen. Dispuesto a atender una duda, gestionar una receta, ayudar… cultiva virtudes que un médico jamás debe poner a un lado y las fortalece con su actitud solidaria y profesional, lo cual avala su excelente curriculum y el desempeño por cuatro años consecutivos como secretario del comité de base, gracias a ese ejemplo que le permitió ingresar en las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) desde el 2005.

“Hice ayudantía en la especialidad de Medicina Interna con la profesora y Doctora Isora Sánchez, a quien valoro por su tenacidad, enseñanzas y ejemplaridad en todo. Bueno, nunca dejé de estar en una campaña de salud ni de cumplir ninguno de mis deberes. No olvidé practicar deporte y soy donante voluntario de Sangre”, dice. Si bien se ve feliz por cuanto logró con amor y sacrificio, tampoco se jacta. 

Idemaro es uno de los 703 nuevos médicos tuneros y extranjeros graduados en el curso escolar 2014-2015. Un joven que ahora mismo está abrazado a la idea de   salvar una vida en el barrio, el hospital o cualquier sitio del mundo que lo necesite. Esa es y será siempre su estrella y el camino. Con apenas una veintena de años lo demuestra. Agradecerlo a sus padres, profesores y la Revolución no es un cumplido. Es dar a Dios lo que es de Dios, y a César lo que es del César.