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Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: De la Autora

Este oriental territorio de Las Tunas es un arquetipo de la Isla, aunque esté dividida por provincias y municipios y cada una tenga sus propias tradiciones y maneras de exteriorizar la cubanía. De ahí que la cercanía del 2015 sea una ola gigante de alegría desde la Punta de Maisí al Cabo de San Antonio.

Cuba es una, llena de hombres y mujeres comunes que andan, en cientos de miles, desde los amaneceres hasta los otros amaneceres en escuelas, industrias, camiones, guaguas, salones de cirugía, de parto, de estomatología, de computación, emisoras de radio, canales de televisión, panaderías, tolvas de los centrales, teatros, hoteles, campos, puertos, almacenes, barcos, costas, comercios…. En fin, por doquier, sin buscar la fama ni aspirar a ocupar titulares noticiosos.

Gente de amor, sin tampoco acuñarse de perfectos ni moverse a la usanza de los robots de última generación. Seres de todas las edades, quienes salen a quitar la hojarasca del camino de una casa de mampostería o de madera, en bicicleta, a pie, en carros, motos, coches, carretones, bicitaxis; a merced del transporte público o la solidaridad de los privados. Apuestan por la vida, seguros de sí y distantes de la ambición de ser ricos o sentirse humanos por una cuenta bancaria, a pesar de que muchos tienen sus ahorros, son herederos de fortunas familiares o conservan el linaje de sus apellidos.

Cantan, tararean o silban a cualquier hora, lo mismo un son que un merengue. Son contentos. Libres por convicción, llenan de sudores sus minutos y la locuacidad les sobra para todo, en los aplausos, las mañas, la exigencia, la risa, la inconformidad, lo bueno y lo malo, el humor, el cuento, el laboreo, los refranes, el piropo…

Sencillos y familiares, amistosos, comparten lo poco y lo mucho y apuran el trago de café, sea purito de la Sierra o mezclado con chícharo. Crecen a cada paso a golpe de desafíos. Innovan. Remiendan. Caen y se levantan. Tienden manos al amigo y al forastero, cumplen, critican, sienten el dolor ajeno como propio. Seducen y son ocurrentes hasta el punto de burlarse de sí mismos o llorarse. Aman la décima, el ron, la cerveza, la conga y la comparsa, las comelatas y las fiestas.

Nada mejor que el cerdo asado, el congrí,  la yuca con mojo y la mesa bien servida. Religiosos y ateos, disciplinados e informales, apegados a la tierra, a la sangre, la vergüenza, la moral, las costumbres, las leyendas… Supersticiosos y espantados ante los malos presagios o las maldiciones.

Cubanos, inclaudicables a los eclipses de los tiempos más negros, perseverantes y optimistas. Hombres y mujeres que ante la cercanía del 2015 arman su guateque con una lata y un palo y desde ya, ante las pocas horas que sobreviven en el almanaque del 2014, los encuentras por las calles como hormigas garantizando el fetecún del 31, en familia, y con la “fibra” que tengan a su alcance.

¡Pero de que sonarán trompeta, bailarán hasta el cansancio, tirarán agua a la calle, armarán la bulla, correrán a abrazarse, pedirán bendiciones, echarán lo malo pa΄llá, cogerán la “juma” y gritarán a pulmón VIVA LA REVOLUCIÓN, acúñelo! Cuba es una ola de alegría y Las Tunas la mueve con razones mayores este nuevo año. Son gente de amor y andan cientos de miles por sus calles, como las de Maisí hasta el Cabo de San Antonio.