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Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: De la Autora

Por estos días el tema de los 25 años de la firma de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño hizo mover las manos y corazones de quienes en el mundo luchan contra los flagelos del hambre, la drogadicción, las guerras y la violencia explícita e implícita entre “normales” conductas de familias, gobiernos, personas y sociedades que trasgreden y desdibujan las sonrisas de los más pequeños habitantes del planeta.

La UNICEF y la ONU encabezan ese llamado a la consciencia mundial y a la asunción de acciones que garanticen el pleno desarrollo de la infancia, por lo cual agruparon en 54 artículos un conjunto de normas elementales que propician a los menores de 18 años un gozo pleno de sus derechos como seres humanos.

Sin embargo, la venta de infantes para sacarles jugosos provechos en áreas deprimentes como el comercio sexual y la prostitución, los que cierran sus ojos bajo las bombas, los que mueren por desnutrición o falta de atención médica, los abandonados por quienes los traen a este mundo, entre tantas y tantas falacias,  los convierten en víctimas cotidianas del abuso.

Esta realidad impulsó a la UNICEF a declarar al 2014 como el Año de la Innovación para la Equidad, con el objetivo de concentrar la atención mundial en la presentación e implementación de soluciones innovadoras, destinadas a promover el bienestar de la infancia.

Sobre estos asuntos, de manera comprensible para sus edades y grados de escolarización, se habló este fin de semana en Las Tunas y la Isla, donde  jamás han podido dar en la diana las muchas campañas mediáticas que intentan desvalorizar las garantías cotidianas que disfrutan sus niñas y niños, incluidos los adolescentes y jóvenes.

Protagonistas fueron ellos, justamente, de esta fiesta de derechos a voces que viven cada día. Y si esto no es felicidad, ¿cómo le digo?