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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: De la Autora y Archivo.

Las Tunas puede estar entre los territorios del oriente cubano con mayor potencial de evidencias a mostrar cuando de desarrollo socio-económico se trate, aún sin poder acuñar un proceso terminado  y con plena conciencia de que falta mucho por alcanzar en resultados integrales e integrados al progreso social individual y colectivo.

Tal avance tiene similar impacto a escala nacional y sin ir a la bolsa de los números –un recurso que siempre parece tener la verdad y a veces es demasiado socorrido-, el tunero de a pie es testigo medular de las notables diferencias de una década a otra desde los lejanos años 60 o el más cercano 1991, cuando el país se enfrentó a un período especial que barrió o detuvo los planes de progresar a corto, mediano o largo plazos.

Por los pelos no hay que traer los argumentos. En el acto de graduación del pasado año escolar Aurora Ramos, rectora de la Universidad Vladimir I. Lenin, de esta ciudad, resaltó que en los ocho lustros de ese centro egresaron 11 mil 221 profesionales,  hoy esa hornada de hombres y mujeres jóvenes que impulsaron, sostienen y están llamados a llevar el futuro económico- social de Las Tunas.

Cuando el 20 de enero de 1978  el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, entonces Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto inaugural de la Terminal de Azúcar, en Carúpano, anunció un plan de inversiones industriales para la provincia encendió, a los 19 años y 19 días del triunfo, el primer reflector de luz sobre el marcado subdesarrollo de la región.

En aquella oportunidad, Fidel informó que “no es muy grande, pero ya es algo”. En ese quinquenio el monto ascendía a más de 100 000 000 de pesos e incluía las fábricas de Estructuras Metálicas y la de Botellas (la más grande de Cuba), entre otras tantas obras, modestas quizás, pero imprescindibles para mover la ficha que permitiera a los tuneros despegar hacia un recodo cierto de prosperidad y avance, aunque distante de todo lo posible y previsible a obtener. 

Para la mayoría de esos proyectos hubo que “importar” fuerzas especializadas de otras provincias, hasta que esos mismos planes propiciaron la formación y graduación de la juventud radicada en esta tierra, gracias a la construcción de escuelas secundarias básicas urbanas, en el campo, pedagógicas, vocacional y la estructura del sistema de la educación y la salud, prácticamente virgen y deteriorado hasta esos momentos.

Los altos saltos dados por los tuneros desde entonces tienen el rostro y las huellas de las diferentes generaciones que levantaron las primeras columnas del avance actual, mientras ahora mismo en sus más de 525 mil habitantes descansa el mañana y la formación de nuevos profesionales, como los 3 mil 850 estudiantes matriculados en pregrado este curso en disciplinas de la salud, cuya Universidad de Ciencias Médicas Zoilo Marinello desde 1982, en que abrió sus puertas como Facultad, graduó a más de 10 mil profesionales de este sector.

Realidades, motivaciones, aciertos y desaciertos convergen en esta ciudad capital y los restantes municipios, en una constante transformación que inclina pesas hacia el lado positivo y se apresta, casi a punto de cerrar el año, a seguir empujando la carreta, como dice la abuela Martha, una maestra jubilada que todavía no renuncia a coger una falta de ortografía, repasar a los muchachos del barrio y mostrar el camino derecho a cuanto “vejigo”  se encuentra a su paso.

Ella no es un prototipo. Es una tunera que sabe que el cambio hacia un mundo mejor no puede ser una consigna, sino una batalla contra la chapucería y  un dar más donde quiera que haga falta. Con mujeres así Las Tunas dejó de ser aldea y anda entre las líderes del salto alto.