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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Hace ya un mes y tanto que nuestra sección LENTE sacó a la luz los mojados y coléricos reclamos de cientos de tuneros, obligados a transitar y tomar los ómnibus que circulan por la Avenida Carlos J. Finlay, justo frente a la universidad Vladimir I. Lenin,  en medio de profundos baches llenos de agua a consecuencia de las actuales lluvias. Sin embargo, no hay respuesta.

No se trata ya de ensuciar de lodo las guaguas. Hace poco, un chofer rompió la esquina de su parabrisas por acercarse a la parada en un gesto solidario con sus pasajeros, quienes no encontraban modo de sortear los charcos para montar la ruta. Este fenómeno no es nuevo. En varias ocasiones este espacio y el de marras, miró críticamente la situación que tiene esa populosa vía siempre que llueve. Más, aquí, no escampa.

La desatención a la Carlos J. Finlay parte, dice la experiencia, de la mala calidad de su trazado, relleno, pavimentación, etc. En tiempo de seca, huecos aparte, es hermosa. Llega el líquido de San Pedro y no se puede caminar en ningún sentido. Y por ahí circulan cientos de vehículos, los estudiantes de la Universidad y sus profesores, residentes del fuerte conglomerado habitacional de los edificios del reparto Santos,  y es el acceso necesario para importantes centros de trabajo de la zona y el camino hacia otros muy visitados, como el hospital Guevara.

Al parecer no está incluida en las prioridades de la Empresa de Comunales, encargada de su patronato por Ley, pues todo indica que la terminación quedó inconclusa, a juzgar por la falta de aceras  en su lateral derecho –tomando como referencia la “Camilo Cienfuegos”- ,  y la evidencia de esos problemas constructivos. Los años pasan y no hay una evaluación seria de su estado actual.

La pregunta es: ¿Por qué no se ha pedido un presupuesto o dado solución a los objetos de obra inconclusos, como las aceras y el drenaje? Igual puede cuestionarse si alguna vez se hizo el acta de terminación de la Avenida, se fiscalizó, controló y planificó su conservación ambiental, porque también la jardinería necesita de manos y decisiones responsables. No sería ocioso hacer un estudio topográfico profundo para que, después, la humedad y los agentes corrosivos anexos  no obliguen  a consumir nuevos recursos antes de tiempo.

Otro detalle que molesta en esta importante arteria vial de nuestra ciudad es el vertimiento de fosas, justo en la intersección que forma la “Finlay” con la “Camilo Cienfuegos”, donde otra parada de ómnibus – igual de concurrida- no tiene aceras y hay contrastes notables entre la urbanización del Reparto Militar aledaño y el medio ambiente circundante.

En estos tiempos donde lo mucho parece poco y lo escaso tiene que multiplicarse vale tener luz larga para ver que acuñamos ante las demandas. No todos los lugares merecen prioridad uno, aunque a fuerza de tanto deterioro acumulado no se trata  ya de mejorar ni remendar, hay que invertir. Por eso, ante el imperativo de la economía, se debe pensar, reflexionar, buscar consenso y dar al César lo que es del César. Los puntos claves de esta capital piden una visita multifactorial barrio adentro. No tengo dudas.