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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: G.G.G.

Vive como todo el mundo. Vestido con sencillez y ese peinado de moda que los chicos llaman pincho y otros le bautizan punk. En su anatomía no hay un hueso de menos ni de más. Es un chico como todos, sin embargo, para muchos, parece un bicho raro y no justamente por fealdad o extravagancia.

Sencillo, honesto, trabajador, buen hijo y excelente amigo son virtudes que, si bien le reconocen, no pesan a la hora de hacer algún gesto despectivo cuando llega a determinados lugares públicos. Por suerte, en el barrio, la fobia no es generalizada aunque tampoco la mayoría le recibe con besos y abrazos. Quizás, por eso, la timidez le marca y siempre anda solo.

La homofobia en Cuba es una asignatura pendiente, a pesar de que los avances en materia constitucional son de pies largos, comparados con décadas anteriores en las cuales era, prácticamente, una palabra horrenda tener una inclinación sexual diferente, tanto en los varones como en las hembras.

En estos logros, encaminados a la inclusión, el respeto a los Derechos Humanos y  Sexuales es innegable la voluntad gubernamental de romper viejos tabúes y propiciar, sin tapices, una actitud positiva hacia estas personas, en el camino de crear una cultura global de respeto a la diversidad y a los homosexuales, y en la cual el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) tiene un trabajo loable y puede calificarse como el líder de este movimiento de reconocimiento y emancipación  en Cuba.

Una muestra de ello fue la VI Conferencia Regional de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex para América Latina y el Caribe (llgalac), organizada por el Cenesex, que sesionó en Varadero y La Habana, donde se le agradeció a Cuba ser la sede y se estimó como un espacio ideal para promover el intercambio de experiencias, y desarrollar varios tallares temáticos relacionados con las problemáticas de las lésbicas-bisexuales, los gays-bisexuales y de las trans.

Otro detalle importante es poder hablar también de Galas Culturales en las provincias y propuestas educativas, como parte de la Jornada contra la Homofobia, en las cuales están las puertas abiertas para motivar el respeto y la solidaridad hacia estos grupos sociales, a la vez que de hecho es un modo de asumirlos desde su orientación sexual, su identidad y género.

                                                 ¿TODO ROSA?

Su fisonomía no lo delata a priori, aunque quizás la delgadez y cierta delicadeza en los gestos y manera de hablar desnuden el secreto que lo convierte en marginal para sus semejantes, incluso, dentro de los círculos afectivos cercanos. Muchas veces le duele, sobre todo, cuando recuerda las miles de excusas que le dieron en varios lugares al momento de solicitar empleo.

No titubea en decir que gracias a las campañas del Cenesex y a la persona de Mariela Castro, su directora, agradece los cambios actuales. “Creo que por eso tengo hoy un trabajo estable y me tratan como debe ser. Soy un ser humano y no creo que merezca desprecio por sentir diferente a la mayoría de mi sexo. No he podido encontrar pareja, pero tampoco irrespeto a quienes se que no sienten como  yo”, enfatiza.

René no esconde su nombre, pero igual le sucede a Ramón, Digna, Isnara o José Raúl… como le llamen no importa. Lo vital parece estar muy en el fondo de enraizados y clasistas patrones burgueses y sociales que, desde la idiosincrasia, la costumbre, las leyes, puntos  de vista o estatus de gobierno le marcaron con una cruz roja y los condenaron como seres desechables, por el simple hecho de tener una inclinación sexual no común o, al menos, la que parece lógica a los ojos de la norma de Dios y de los hombres.

                                                       LAS PIEDRAS…

Cada año en la Isla se quita una piedra más del espinoso camino de aceptar y comprender que los LGBT son personas con todos los derechos, una realidad que debe formar parte de los preceptos y principios de todas las naciones. Sin embargo, en la conciencia de la gente todavía hay mucho por ganar y Cuba, considerada una sociedad machista, lleva dentro el parásito de la intolerancia y el rechazo, básicamente allí donde ellos se levantan y echan a andar por la vida.

Más, por encima de las manchas, René es feliz y lo será mañana. Las cadenas que aprisionaban sus derechos y parecían irrompibles tienen muchos eslabones rotos, mientras el sol de la perseverancia y la justicia derriten los candados más fuertes. Ser gay no es una maldición satánica, es quizás, un gen inquieto que vino a este mundo a dar una nueva lección de amor: todos, con nuestras diferencias, somos iguales y por demás humanos.