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Por Graciela Guerrero Garay

Siempre andará con sus heridas a cuestas, seguramente. Los hombres de tallas verdaderas, aunque no se detengan y vigoricen el espíritu para multiplicar los dones de los bienes humanos, no olvidan las injusticias. Fernando González volvió al firmamento de la Patria, tras cumplir, día a día, con dolor y la desidia del imperio en el pecho, su injusta condena.

Hay abrazos de millones. Las palomas blancas de manos bondadosas que, durante estos largos años de prisión, se sumaron a su verdad y su causa – la de Cuba y la de muchos que defienden las puras ideas y la vida -, también sonríen.

Ahora la batalla tiene otro perfil. Gerardo, Ramón y Antonio siguen tras las rejas, mientras el furibundo odio del imperialismo los detienen porque sí, pues se ha demostrado desde 1998 hasta hoy que fue un proceso manipulado a favor de quienes, todavía, cultivan el terrorismo y la muerte.

Fernando está en Cuba, enhorabuena. Cubanos y cubanas  le acompañan ahora en la alegría. Las rejas se partieron; los principios, no. El caso de los CINCO sigue en pie. Y más temprano que tarde, los tres hermanos retenidos volverán a casa. La libertad es un derecho legítimo de héroes, sean cubanos o de cualquier parte del mundo.