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Por Graciela Guerrero Garay

Aunque los incrédulos, sobre todo quienes apuntan hacia el caimán del Caribe sus lanzas ponzoñosas, no quieren aceptar los avances que en temas de derechos humanos se logran en Cuba, la diversidad de criterios sí cuenta aquí y apuntala los cambios que a nivel institucional y social acontecen, paso a paso, amén de que para algunos sean lentos y corticos.

Puede simular un asunto encasillado exclusivamente a tendencias políticas – a favor o en contra-, pero en la Isla sus ciudadanos cuentan con prerrogativas indispensables para una vida estable y segura desde el mismo triunfo de la Revolución, el primero de Enero de 1959. Y hoy puede hablarse, con más evidencia que nunca, de cuanto se potencian, perfeccionan y encaminan dichos privilegios a la sazón de las transformaciones que mueven todas las esferas de la sociedad.

Hay un debate real y objetivo que ilustra las esencias del cambio y fortalece las aspiraciones, y a la vez define los conceptos que en materia de derechos se analizan, modifican, enderezan y proyectan para el disfrute cada vez mayor de las riquezas patrimoniales de la nación por todos los ciudadanos, aún cuando todavía este proceso está en marcha y exista, en el orden individual, puntos de vista insatisfechos.

Aciertos y retos van de la mano y se nota, de forma global, no solo en el contexto discursivo, sino en la revolución que estremece a los diversos Ministerios, las garantías constitucionales y jurídicas, laborales, culturales, religiosas y la libertad de trabas burocráticas, sexistas, genéricas y en materia de propiedad y elección privada, ante fenómenos, acciones y decisiones que involucran las partes y contrapartes de la sociedad.

Nadie puede negar que todo ello involucra directamente al ejercicio de los derechos humanos y a la unidad como principio básico de la institucionalidad, bajo la participación popular y el mejoramiento de los procedimientos de consulta con el pueblo en la toma de decisiones para bien común, cocinados desde la diversidad de criterios que puedan existir.

Un camino con veredas nada novedosas en Cuba. Simplemente, renovadas ahora con todo el inteligente programa de mejoramiento social y saneamiento integral que genera la aplicación consciente y efectiva de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución. Muere el “teque”, renace la acción y se aplica la medida y/o solución según proceda. Aflora la sabiduría colectiva y se solidifica la voluntad gubernamental de hacer justo lo que hay que hacer.

Nunca todos se pondrán de acuerdo, ni dentro ni fuera de las costas cubanas, pero el sol no se tapa con un dedo. Cuando el desempleo azota las latitudes del universo, los trabajadores cubanos aprueban el nuevo Código de Trabajo  y antes lo discutieron en sus secciones sindicales. Mientras, el Sistema de Seguridad Social protege a más de un millón 500 mil personas.

Es significativo el avance en esos asuntos medulares que se revierten en mayor calidad de vida para el pueblo de Cuba. La reciente reunión del Parlamento y las palabras del General de Ejército y Presidente de los Consejos de Estados y de Ministros, Raúl Castro,  testifican la transformación de fondo que revoluciona  a la Isla. No somos perfectos, pero cambiamos a favor de los más.