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Por Graciela Guerrero Garay

Una amiga de Cuba me decía este martes que esos votos solidarios son muy buenos pero que no eliminan el genocidio del gobierno de USA sobre mi pueblo, justo al valorar la categórica condena de la Asamblea General de la ONU al bloqueo que mantiene Estados Unidos a este país caribeño, el cual por vigesimosegunda vez consecutiva recibe el respaldo de la mayoría de los miembros de esa organización para que se levante la medida.

No se equivoca la colega en testificar que esta contundente victoria cubana en el máximo foro de las Naciones Unidas no cambia el hecho, brutal y recrudecido en más de 50 años, ni la intención de la Casa Blanca de Washington  de asfixiar a la isla con el cerco económico, comercial y financiero, que lacera a los cubanos con una pérdida valorada en un billón 157 mil 327 millones de dólares.   

La verdad del proyecto de resolución que reclama el fin de esta injusta sanción, ha sido demostrada por la cancillería de Cuba con pruebas irrefutables. No hay una esfera del desarrollo económico-social de la vida en el archipiélago que no tenga un arañazo vil del águila americana. 

Este octubre del 2013 vuelven dos países a apoyar el bloqueo y otros tres se abstienen, es decir, de los 193 miembros de la ONU, 188 votaron a favor de la Mayor de las Antillas, apuntan, con las mismas razones que esta nación, hacia la injusticia y reclaman su cese inmediato. Pero, aunque la resolución presentada por el pueblo cubano llama a dignificar los principios de la Carta de la ONU, el veneno de la guerra fría sigue en pie. Mi amiga, millones de seres en el mundo, incluido sus máximos estadistas, y yo seguimos preguntando: ¿hasta cuándo?

Más temprano que tarde el imperio caerá. En tanto, nadie justo, humano, solidario y cívico podrá estar tranquilo. Es mucha la carroña que se respira.