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Texto y Fotos Graciela Guerrero Garay

Cuando el lunes comenzó la gran fiesta del saber en Cuba, la arrancada del Año Escolar 2013- 2014, la alegría desbordó cada rincón del país y se desgranaron emociones, encuentros y anécdotas guardadas en los dos meses de vacaciones lectivas, tanto en los estudiantes como los docentes.

De oriente a  occidente el suceso rompió los silencios o las algarabías de los campos y ciudades, mientras la bandera cubana ondeó orgullosa en los diez mil 402 centros escolares de la Educación General que abrieron de par en par sus puertas para recibir a quienes, en el verde caimán del Mar Caribe, convierten al mes de septiembre en un alud de belleza y simbolismo.

Sin embargo, la noticia – o la primicia del primer día de clases - , no termina ahí como pudiera pensarse o dejan traslucir los Medios de Comunicación. Cada mañana renace y sugiere hermosos tocororos sobrevolando las calles, los trillos, avenidas, barrios, comunas, montes y zonas residenciales. La nación es un ir y venir de uniformes, los cuales ilustran todo el suceso de masas que es la instrucción aquí.

Emociona constatar que esos reencuentros del primer día de clases no se pierden en la medida que transcurre el curso. Continúan los  abrazos al maestro, el respeto por los valores patrios, los esfuerzos por mejorar algún aspecto negativo que pudo aflorar en la jornada primogénita y, quizás lo esencial, se multiplica la voluntad de hacer, detalle este perceptible dentro de un proceso aparentemente rutinario.

Entre los grandes logros que tiene la escolarización en Cuba resalta ese: ¡un millón 840 mil niñas, niños, muchachas y muchachos con el colorido de sus sonrisas y tipos de Enseñanzas por doquier! Se siente, entonces, palpitar la vida mucho más que en la temporada de verano. Amanece muy temprano para todos y en la prisa por tomar los ómnibus, pedalear la bicicleta o apurar el paso cohabita ese halo de libertad y paz consciente que distingue la nación.

Ir a la escuela es una felicidad. Resalta en los ojos de los pequeños como de los grandes. En los modos en que la familia se ocupa y preocupa. En la persistencia de los educadores por dar clases mejores, limar equívocos, sumar a los que pueden tambalear hacia esa mayoría que, con limitaciones, innovaciones y ojo visor, desde el primero de septiembre hasta la mitad del año entrante sudan, cantan y ríen por preservar un fenómeno cultural gratuito y único.

En pocas palabras: cubanas y cubanos, con sus vástagos a cuestas, no necesitan pie forzado para engendrar esta maravilla de llenar de tocororos cada esquina del país todos los días. Desde que llega un bebé a casa ya tiene escuela y un maestro le espera con esos amores que jamás se olvidan. Aquí está el secreto del milagro y la conquista que jamás nadie podrá dejar al margen al contar la historia de esta Isla.