20130729160358-chavez-lluvia.jpg

 

Por Graciela Guerrero Garay

Verlo nuevamente sonreír, con ese ángel que ni la muerte pudo borrarle en los momentos más críticos del cáncer que nos lo llevó de pronto, lacerante, fue más que un cumpleaños de homenaje. Hay cosas que no mueren, como el aire, aunque ni una fina hoja se mueva para insinuar su presencia.

El Comandante Hugo Chávez Frías anda por el planeta, cabalgando… o quizás, como dice esa hermosa canción que le cantamos… fue un momentico a la misa… Es difícil olvidar que nació para quedarse, no solo allí en su morada eterna, el Cuartel de la Montaña, sino en cada trecho de tierra a la cual iluminó con su presencia. Por los Cerros…por América…entre abrazos…con la luna, la pólvora y la estrella.

Es inevitable recordarle un 28 de julio y  poder escribir las palabras exactas que merece. Siempre he sentido que faltan, para determinadas cosas, palabras en los diccionarios. Esta vez vuelve a caerme ese polvo volátil al teclado, en los miles de intentos  de llenar la cuartilla sin quedarme el vacío de que faltó el verbo o el sustantivo exacto. Inalcanzable, para hombres como él, dioses de carne que dignifican la raza de la que somos parte, pero no todos somos.

Entonces, ante otra lágrima que pende al sur de la evidencia, mejor intento decirles de algún modo que acá en Cuba, en mi terruño oriental, Las Tunas, una vez más nos conmovieron las imágenes difundidas por la televisión, los spot-homenajes, su voz y su sonrisa. Y nos fuimos allá, a Venezuela, a soñar junto a él y la esperanza. A bendecir el día que llegó y lo encontramos.