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Por Graciela Guerrero Garay

Hemos ganado mucho más que el crecimiento en dos décimas del Producto Interno Bruto (P.I.B) en el primer semestre del año, al alcanzar un 2,3 por ciento comparado con igual tiempo que el año anterior. El ejemplarizante discurso-clausura de Raúl, el domingo último, en la Primera Sesión Ordinaria de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular es la verdadera ganancia que agradecen y apoyan irreversiblemente los dignos cubanos.

El General de Ejército y Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba volvió, una vez más, a dejar sobre la mesa las llagas que hoy afectan nuestra sociedad pero, a la vez, plasmó – con igual transparencia- el “convencimiento de que el primer paso para superar un problema de manera efectiva es reconocer su existencia en toda la dimensión y hurgar en las causas y condiciones que han propiciado este fenómeno a lo largo de muchos años”.

Esta fuerza combativa, viril, cívica y revolucionaria de sus palabras son las que identifican la verticalidad del proceso socialista y la honradez de principios que conducen y sostienen a la Revolución, aún, cuando dijera que “hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de 20 años de período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás”.

Muchos aplausos desde el corazón de la Patria que llevan millones de cubanas y cubanos se hacen voz pública en estos inicios de semana. Se redobla la confianza en que los cambios, paso a paso, seguros y firmes, transforman al país, aprietan tuercas, enderezan caminos y abren sendas de luz sobre los oscuros que existen.

Huelga comentar su brillante y futura alocución.  Cada frase estuvo ahí, en su lugar, apuntalando, esclareciendo, puntualizando. Con meridiana exactitud, sin medias tientas ni lecturas entre líneas. Vamos. Los resultados no serán ahora, pero tampoco se dormirán a la cobija de los que intentan ponerle sombras al sol que brilla, más ardiente que nunca, sobre este gigante caimán caribeño.

Cuba socialista, la de siempre, llama a los hijos que la aman, muchísimos, por cierto. Y nadie dude que la estirpe está viva. No son las primeras papas podridas  que sacamos del saco.   El socialismo próspero y sostenible no es una utopía. Llegará más temprano que tarde. Coraje le viene a los cubanos y cubanas. Herencia hay para multiplicar en las manos obreras y de Martí sabemos, al dedillo, que significa con Todos y para el bien de Todos. Los más, andamos apretados de las manos.