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Por Graciela Guerrero Garay   Foto: Leo Cortés

La advertencia está fielmente argumentada. Los seres humanos no tienen en su cuerpo ningún tipo de célula u órgano que les permita receptar las perturbaciones, tormentas magnéticas y presiones atmosféricas sin afectarse.

O, lo que es igual, la salud humana de cualquiera de nosotros está en riesgo, si nos exponemos a estos fenómenos sin protección y, aún así, son inevitables las dañinas influencias que recibimos. Con la llegada del verano, el alerta roja no excluye ni edad ni color de piel.

Para los cubanos, en especial, no ir a la playa en los meses estivales significa, para una gran mayoría, “no tener vacaciones”. Igual sucede con los trajes de baños, entre más ligeritos, mejor.

Sin embargo, las explosiones solares ocurridas en los últimos años, el deterioro de la capa de ozono y la agresividad del cambio climático pueden tendernos una trampa mortal: correr el peligro de contraer cáncer de piel. Los rayos ultravioletas, aseguran los expertos, la menor de las afectaciones que causan es un mayor y acelerado envejecimiento de la dermis.

En Las Tunas, por ejemplo, con una cadena de atractivas playas en sus litorales norte y sur, la temporada arrastra al mar a cientos de miles de bañistas, sin contar – y sumando a la vez- a quienes buscan las ofertas del Campismo Popular, un paquete turístico nada despreciable para la familia tunera. Empero, en este ir y venir del ocio, las exposiciones largas y desprotegidas al sol hacen arista común en daños y consecuencias.

Las quemaduras graves o moderadas, enrojecimiento, edemas y picazones figuran en la lista que los especialistas indican como enfermedades producidas por la exposición prolongada e indiscriminada bajo el astro amarillo, el cual por el clima de la región y el país es cada vez más violento, sin descontar que a nivel global hay un incremento notable de los rayos ultravioletas.

Otro de los problemas asociados a la insolación irresponsable son las cataratas en los ojos, cuya sensibilidad, al ser lastimados, propicia su aparición, incluso, en edades muy tempranas, por lo que el  uso de gorras, sombreros o viseras son atuendos prácticamente obligatorios, más en niños y adolescentes.

Especial atención hacen los médicos sobre el riesgo de padecer del más agresivo de los cánceres de piel, el melanoma; al tiempo que orientan no dejarse llevar por el exceso de entusiasmo, ser sensatos en el tiempo “de refrescar” el calor y  jamás minimizar el llamado de alerta pues, ignorar la realidad, sería costoso el resto de la vida.

Lo ideal, sin amargarle el verano a nadie, es usar cremas protectoras solares, bañarse en las primeras horas de la mañana y bien cerca del crepúsculo; y cubrirse la piel. Sin que parezca un chiste, la original e ilustrativa expresión de Lesly, una joven de 20 años adepta a los hilos dentales, con eso de “ya yo boté mi tanga, porque no quiero irme a la tonga”, es la mejor moraleja de un asunto irreversible: el deterioro ambiental mata. Hay que divertirse con cordura.

Su aparente “gracia” al responder resume,- no tengo dudas-, un problema a evaluar muy en serio en esta parte del trópico: la moda y los atuendos de verano no necesitan desnudos. El clima cambió y tiene que cambiar la mente y los desfiles de pasarela. No es cuestión de gustos. Es salud y vida.