20130419212627-stories-principal1-maduro22nsp-155.jpg

Por Graciela Guerrero Garay

Al filo de las dos de la tarde, Cuba se baña de un sol bien fuerte. En casi todos los hogares la señal de TeleSur lleva a los cubanos, - muy pendientes-, a los sucesos que mueven la atención internacional hacia la hermana y gigante República Bolivariana de Venezuela. En minutos, será la envestidura oficial del presidente recién electo Nicolás Maduro.

América Latina está nuevamente de pie, sigue. Ya están los Jefes de Estado de diversos países de la región y representantes diplomáticos de otras partes del mundo, en la tierra de Chávez. Hay euforia en los venezolanos. Son cientos las gorras y los pulóveres rojos que bordean los alrededores de la sede de la Asamblea Nacional.

Todavía en los ojos retozan los cohetazos por Maduro de la noche anterior, a los que no pudieron quitar brillo algunos que otros cacerolazos. No es una consigna, es la voluntad de los pueblos. Una historia de Revolución y  libertad. Es América que camina apretada por los Andes, con los ojos abiertos y sus volcanes activos, porque ya no es un lema que esta humanidad ha dicho, BASTA y echó a andar.

La envestidura este viernes de Nicolás Maduro, como Presidente Constitucional de Venezuela, con el apoyo de UNASUR, con la solidaridad de los pueblos, con la bendición cristiana, la luz de la democracia y con los millones que bendicen la memoria de Chávez y su continuidad, hacen legítimo los sueños de los bravos e inmortales próceres de Latinoamérica. Nadie, con sentido común, puede negar esta evidencia.