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Por Graciela Guerrero Garay

La injusta y unilateral política del Bloqueo Económico, Comercial y Financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba recibió, por votación abierta, un contundente NO en la Asamblea de las Naciones Unidas, lo que corrobora que la pequeña Isla del Caribe reclama su derecho soberano sobre bases, argumentos y razones irrebatiblemente objetivas y sensibles a todo entendimiento humano y racional.

El hecho de que 188 Estados voten a favor de los cubanos y que por vez primera, en 20 años consecutivos, la ONU respalde la Resolución de condena a la criminal política de USA testifica, entre otras lecturas obviamente importantes, que su injerencia imperialista encuentra cada día menos eco entre los pueblos y sus legítimos representantes.

No es un hecho casual – como difunde una información de la Agencia Prensa Latina fechada este martes en Naciones Unidas – que “en la sesión hablaron una veintena de representantes de países y de organismos regionales, todos para respaldar la condena al asedio estadounidense y demandar su levantamiento”. Y acto seguido puntualizara que “únicamente un solitario delegado estadounidense habló desde su escaño para tratar de justificar la vigencia de esas medidas instauradas hace medio siglo.”

Tampoco sale del “aire” que estuvieran en contra Israel, Palau y los Estados Unidos y se abstuvieran Islas Marshall y Micronesia. Pero esta mayoría que apoyó a Cuba no podrá desestimarse jamás en la historia y el momento actual en que acontece, como tampoco desmerita el mensaje y las conclusiones que pueden sacarse con este “nokao” en el mentón que recibió allí el gobierno americano.

Otra vez cubanas y cubanos sienten la justa fuerza de sus verdades y agradecen, con alegría y confianza, el gesto solidario y valiente de estas naciones que levantan hoy las manos para abrazar su causa. La noticia corre y la justicia brilla.

Saber, por demás, que la resolución aprobada exige el respeto a los principios de la Carta de la ONU, abogando por la no intervención y no injerencia en asuntos internos y la igualdad soberana de los Estados, con plena libertad de comercio y navegación internacionales, es sin dudas un buen paso adelante. El monstruo está prisionero de sí mismo. O se corta las garras o muere en la estampida.