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Por Graciela Guerrero Garay

Siento de alguna manera, ahora mismo, todas las ansías que cohabitan con el dolor de Adriana Pérez O΄Connor cuando pide al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, que tenga, al menos, el gesto humanitario de dejarla ser madre.

La pujanza de esta necesidad es vivencial en cualquier mujer de este planeta. Sin embargo, las imperiales tierras de Norteamérica se arrogan el derecho, con alevosía, de privar de tal derecho al matrimonio que forman Adriana y Gerardo Hernández, uno de los CINCO antiterroristas cubanos que mantiene ese país  encarcelado, luego de un proceso marcado por la farsa y el rechazo internacional.

El detalle que hace volar mi mente a la velocidad de la luz es la alegría y la ternura con que mi vecina Elyanis besa a su bebé. Entonces, las declaraciones que emitió Pérez O΄Connor durante su visita a Ginebra, Suiza, a principios del último marzo, toman esa energía desgarrante con que lleva la añoranza de ver  realizados los frutos de sus amores y proyectos, sostenidos únicamente con lágrimas y frustraciones,  ante la crueldad de la prisión de que es víctima su esposo al que no ha podido “darle aliento y acompañamiento en momentos difíciles, como fue el de recibir su sentencia de cadena perpetua o la pérdida de su madre”, tal como dijo Adriana.

El caso específico de Gerardo no es menos dramático y cruel que el resto de sus compañeros, Ramón, Antonio, René y Fernando. Las desgarraduras humanas que llevan como cruces para siempre jamás podrán borrarse, ni de ellos ni de los millones que levantan manos y voces porque sean excarcelados.

La verdad es única: no existen pruebas que sostengan sus condenas exageradas y manipuladas al margen de las normas del Derecho Internacional, elementos demostrados con creces por Cuba y denunciados allí en Miami, donde se realizaron los sucios juicios contra estos cubanos y se ha demostrado por respetadas personalidades del sistema judicial estadounidense que primó el dividendo político y no el respeto a ley y a la justicia.

Con estas verdades, el dolor de Adriana es más fuerte. Ha tenido que ser “muy creativa” – como afirmó en Suiza, para sostener su matrimonio en medio de estas ultrajantes condiciones. Y lo que más duele a ella, a los cubanos y a los millones de personas que se suman solidarias a esta causa es que, Estados Unidos, clasifica a los CINCO como terroristas y ellos, virilmente, lo que hacían era combatir ese terrorismo vitalicio, alevoso e internacional del que es cuna y promotor por excelencia USA.

Aunque el reloj biológico de Adriana ya casi llega a los horarios finales, esta historia de amor será siempre un paradigma, un manantial donde beber coraje y cariño infinitos. Obama se está perdiendo la oportunidad de regalarle a su pueblo, sobre todo,  la valía de ser y la ética que le debería acompañar como presidente. Ojalá piense en esto. Apunto de someterse a un complejo proceso eleccionario, tiene que saber que el mundo lo está pinchando con el dedo.

 No por gusto la causa de los CINCO le da vueltas a la tierra con una sola voz: Justicia. Adriana y Gerardo pueden besar a un bebé con la misma ternura que lo hace mi vecina. El gobierno de los Estados Unidos de América decide si otra mancha de lodo crecerá en el pantano de su imperio. La humanidad espera. Nunca es tarde para rectificar.