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                                                                        Con el tiempo... comprendes que solo quien es capaz de amarte con tus
defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte
toda la felicidad que deseas.

(Anónimo)

Texto y Foto Graciela Guerrero Garay 

Me encontré a Maritza algo desteñida, sin el colorete ni los labiales que estrena cada día desde que amanece hasta que va dormir. Andaba con esos “gorriones” que los cubanos le colgamos a la tristeza cada vez que algo se nos derrumba por allá, en los laberintos del alma.

No hacía un mes que creía haber encontrado al hombre de su vida y ya lo dejó. Era demasiado celoso para su gusto, aunque le quería a la niña según me dijo y le ayudaba mucho. Ella, con solo 20 años, es una de las cientos de madres solteras que hoy marcan las estadísticas de los matrimonios informales en Cuba.  Por eso no forma parte de la cifra registrada en un artículo difundido por la revista Mujeres: “Los divorcios han aumentado de forma extraordinaria y su índice casi se triplicó en las últimas décadas, hasta alcanzar una proporción de 64 por cada 100 matrimonios en 2009”.

El fenómeno del divorcio en la Isla empezó a tener una tendencia elevada desde 1970 y hoy sigue siendo el índice de divorcialidad más alto de América Latina, según datos del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana (CEDEM), suceso que se vincula a la proporcional disminución de la tasa de nupcialidad cubana, la cual desde 1991 – 1992 descendió aceleradamente hasta hoy.

Lo cierto es que se habla de que cerca del 35 por ciento de los cubanos son casados, mientras existe una tasa alta de uniones consensuales ( sin papeles oficiales) y se valoran de poco duraderos los enlaces maritales, que se mantienen en un promedio  entre los 10 a 15 años.

Para muchos investigadores la socialización de la mujer después del triunfo revolucionario de 1959 influye en la determinación de las féminas de no seguir en una unión insatisfactoria, aunque reconocen que entre las causas generales del suceso también tienen que ver el hacinamiento de varias generaciones en un mismo hogar, las malas condiciones constructivas de las viviendas, los problemas económicos y sociales, la violencia doméstica y los conflictos de comunicación en la pareja.

INQUIETUDES BAJO EL BRAZO

El tema de la familia en Cuba para algunos está en crisis. Sin embargo, no todos los especialistas ponen cara de inquietud ante el conflicto y los propios cubanos, sobre todo las mujeres, tampoco lo ven como una tragedia. Están respaldadas por el Estado, tienen un empleo – la mayoría de carácter profesional- y se sienten, no sin pocos sacrificios, cómodas en su doble roll de trabajadoras y madres divorciadas o solteras.

Prefiero estar así – confiesa otra chica de 18 años – que renunciar a mi libertad. Los entuertos de las tendencias actuales parecen andar por estos caminos: las cubanas son con y sin matrimonio. Y la carga doméstica simula más liviana sin un hombre formal a su lado.

En sondeos de opinión con algunos sicólogos de este territorio, que ocupa el noveno lugar en extensión entre las provincias del país, al representar el 6,0 por ciento de su superficie total, el disparo de los divorcios en Cuba se debe en gran medida a las uniones consensuales o legales en edades cada vez más jóvenes, los celos, la infidelidad y la poca preparación de los individuos para asumir la relación.

Es un fenómeno generalizado, que lleva a que la mayoría de los que peinan canas o celebran las bodas de plata y oro hagan llamar a Cuba “el país de los abuelos”, por ser estos quienes al final de las historias llevan el roll protagónico o de apoyo directo en la crianza de los nietos o la manutención de los yernos o las nueras, por la incapacidad real, tanto en responsabilidad como económicamente, para desarrollar una familia con todo el rigor y las complejidades que genera.

AMOR EN BALSAS

Bertha tiene apenas 16 años y ya carga un bebé de 3 meses que crecerá sin Papá. Decidió dejarse el embarazo e inscribirlo con sus dos apellidos. Muchas chicas como ella  prefieren recurrir al aborto y empiezan a contar con más de una mano sus relaciones.  Los noviazgos han llegado a la almohada, pero no funcionaron después. Y buscando al “príncipe azul” crece la lista de Juan Tenorio, pero no les inquieta. Tienen una juventud fascinante.

Amor en balsa. Si hay marea alta y oleaje fuerte, se vira o se hunde. Así, con esa genialidad que le impregnan su carácter y experiencia, el octogenario José Manuel Caraballo define  las relaciones de pareja que hoy marcan las tendencias matrimoniales del siglo XXI en Cuba.

Sus 60 años de matrimonio con Cira Hidalgo le acreditan el secreto de mantener un largo amor y cotizar el valor de la familia. Fuimos al encuentro  de un hogar que no tiene pestañas de lujo ni alfombras por el piso. Empero, Cupido se anida en las esquinas como aquel día que esa muchachita de  14 años decidió andar con él por los polvorientos campos  de su natal Holguín, en un monte conocido como Estrada, en el municipio San Germán.  

“La mujer hace al hombre y el hombre a la mujer. Yo le llevaba algunos años, pero ella siempre me esperó mientras yo hacía la Revolución y vivía lejos del hogar por mis compromisos con todo el proceso, antes y después del 59.

“Me dio mis tres hijos, Tania, José y Jorge, y prácticamente los crió sola. La tolerancia, el respeto, la sinceridad. Sobrellevarse y perdonar. Valorar que la familia es lo principal cuando hay amor. Y el amor se alimenta cada día, se cuida. Creo que eso es lo que no hacen los jóvenes de ahora. No piensan en el mañana, viven su presente y por eso cambian con tanta facilidad de pareja”.

Y  apuntala lo que muchos estudiosos del asunto en Cuba alegan: estos divorcios que crecen cada día son preocupantes. La doctora María Elena Benítez Pérez, del CEDEM, afirma en su investigación “Cambios sociodemográficos de la familia cubana en la segunda mitad del siglo XX” que la idea del  matrimonio como destino para toda la vida o hasta que la muerte nos separe, ha sido sustituida por la de un proyecto en común que durará lo que dure el amor.

Con tales realidades, ¿habrá amor? Todo indica que es un tema que debe seguir en la búsqueda y las prioridades de las agendas públicas del país sin arreglos cosméticos. Las generaciones del mañana deben sentir eso tan hondo que sembraron los abuelos… “mami, papi, vengan acá…

Caraballo no ofrece recetas, pero si asegura que hace falta “el amor, que se comprendan cada cual con su carácter, el respeto del uno por el otro...Respeto es cuidarse el uno al otro, la moral, la estima, estimarse. Creo que en el 2050 puede que exista el matrimonio formal, pero que se mantenga…no se...Hay muchos cambios sociales”

Mientras me despido, Cira le pasa la mano por su cabeza cana. El sonríe y la ternura vuela. Pienso, entonces, que en efecto, hay muchos cambios sociales, pero deberían ser pañuelos de seda que jueguen en unos ojillos alegres y seguros, ajenos para siempre de esas lacerantes lágrimas que entrecortan las palabras y brotan como dagas ante la ausencia de respuesta cuando llaman a papá o mamá.