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Por Graciela Guerrero Garay

Con la campaña de verano para promover la lectura que hace de Cuba una singular Noche de los Libros, este archipiélago se acerca cada año a la aspiración de convertir a estos amigos impresos en una inteligente y plena opción de entretenimiento, en ese rescate desmedido que lleve al renacer de aquella memorable época donde “La Caperucita Roja” y “Había una Vez”  eran el mejor regalo de cumpleaños o el reconocimiento a un momento especial.

Esta maravillosa idea surte efecto y se vuelve tradición en las provincias del país que, al unísono, estrenan estantes y sacan a la venta numerosas ediciones dedicadas esencialmente a la población infanto – juvenil, con propuestas que abarcan el quehacer de numerosas editoriales nacionales y locales y convierten a la apertura del período vacacional en un masivo acto de cultura e identidad.

Con tertulias callejeras y el homenaje a destacados paladines de la pluma, matizados con la magia de otras manifestaciones artísticas, las principales avenidas cubanas invitan al deleite de la buena lectura, un hábito que se “pega” con excelente voluntad en los cubanos y las conocidas e internacionalmente prestigiosas Ferias del Libro lo corroboran,- más allá de los ingresos por concepto de ventas-, por su alto nivel de convocatoria.

Estas celebraciones estivales tienen en 2012 el sello de lo que el Instituto Cubano del Libro da en llamar “año virgiliano”, por dedicarse al dramaturgo, poeta y narrador cubano Virgilio Piñera en su centenario. 

“Lo lees, lo vives” es el slogan para este ardiente verano en Cuba, que otra vez pone la cultura y las acreditadas facturas literarias a favor de su gente, al tiempo que invita a los foráneos a que se sumen a este camino largo y generador de espíritu, en un proyecto que tendrá igualmente miniferias del libro en varios municipios, comunidades serranas, zonas rurales y las penitenciarías del país.