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Por Graciela Guerrero Garay      Foto: Tomada de la WEB

Las perturbaciones, tormentas magnéticas y la presión atmosférica tienen probadas influencias sobre la salud humana, porque no existe en el cuerpo del hombre un órgano o tipo de célula que desempeñe un papel receptor de las mismas.

En ese sentido las declaraciones del representante del Instituto de Investigaciones Espaciales de la Academia de Ciencias de Rusia, Yiri Záitsev,  destacan que a partir de este año se incrementarán las explosiones y erupciones del sol y este fenómeno afectará, en primer lugar, a quienes padecen de enfermedades cardiovasculares.

El experto llama la atención igualmente en que las personas sanas no sentirán declinar significativamente su bienestar, aunque afirma que los astronautas sí recibirán mucha influencia con las tormentas magnéticas, porque su sistema de adaptación está sobrecargado de otros factores por los vuelos que realizan.

En el 2011 científicos estadounidenses lanzaron una advertencia mundial en la que resaltaban, entre varios elementos de interés, que las últimas explosiones solares podrían causar efectos desastrosos sobre las telecomunicaciones y el suministro de electricidad, y daños en los satélites artificiales y aparatos electrónicos como televisores, teléfonos, internet, la luz artificial y el GPS de los aviones.

La impactante noticia, suministrada por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, decía entonces que la explosión del 6 de agosto de ese año tenía alcance para provocar problemas en los sistemas de posicionamiento global, el transporte aéreo y los cajeros automáticos, así como para crear una aurora boreal en las siguientes jornadas porque estos eventos tardan en llegar a la tierra unos tres o cuatro días.

Ya estas consecuencias pudieron contactarse en Quebec, Canadá, en 1989, donde el servicio eléctrico quedó fuera de funcionamiento por una explosión, a pesar de que los especialistas alegan que estas afectaciones por la actividad del sol son infrecuentes pero, argumentan, sus impactos han sido graves en el pasado, como la registrada en el lejano 1859 que afectó oficinas telefónicas en todo el mundo y produjo una aurora gigante, visible hasta en las islas del Caribe.

Estar atentos a los acontecimientos y no exponerse sin protección a los efectos del astro en estos meses, son recomendaciones que orientan los científicos e investigadores del rey amarillo, pues en marzo último se reportaron 13 llamaradas de gran intensidad en solo 48 horas y, una de ellas, es la segunda de mayor nivel con orientación general a la tierra  en todo lo que va del ciclo solar.