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Por Graciela Guerrero Garay

Esta V Jornada en Cuba para luchar contra la homofobia y las actividades que por todas las provincias hicieron sentir los avances que se alcanzan en respetar, por convicción, el derecho a la diversidad sexual, no esconden todavía lo que falta para arrancar las raíces machistas de nuestra sociedad y mirar el asunto desde su verdadera arista: todos somos iguales.

El punto más controversial fue, quizás, la marcha que tuvo lugar en La Habana el pasado sábado, divulgada por el sitio digital Cubadebate, que se movió entre muchas opiniones encontradas al tiempo que destacó que la discriminación sexual  va dejando el vacío de la intolerancia para llegar, definitivamente, al lugar que debió tener siempre en conceptos de equidad y justicia social.

Empero, el tema sigue siendo tabú para segmentos de la población cubana y se percibe más allá de los derechos y oportunidades que tuvieron los homosexuales a todos los espacios abiertos por la Revolución, que empañaron el rechazo implícito a escala social y manifiesto abiertamente – o entre parabanes- en el reducto estrecho de la familia y círculos afectivos cercanos, con mayor preponderancia.

Esta verdad no es despreciada por el Centro Nacional de Educación Sexual en Cuba, que dirige Mariela Castro Espín, quien encabezó la marcha en la capital de la Isla y es una de las luchadoras más contundentes del asunto y gestora de logros tan ostensibles como el acceso de esta comunidad de gay y lesbianas a  operaciones gratuitas para el cambio de sexo, si así lo deciden.

En Las Tunas, como en el resto del país, este 17 de mayo realizaron diferentes eventos para reafirmar la disposición estatal de atacar la discriminación sexual y de género, respetar el sentir de los homosexuales y promover acciones educativas entre los jóvenes, hecho que distingue esta V Jornada porque ellos deben sustentar en el mañana la eliminación definitiva de esos peldaños oscuros de marginalización y violencia, lograr la sociedad auténticamente  justa  que aspiramos y sembrar y cosechar el humanismo que significa amarnos, respetarnos y unirnos con nuestras diferencias y virtudes por una Patria de todos y para el bien de todos.

La lucha contra la homofobia en Cuba y su trascendencia al plano público, sin timidez ni medias tintas, denota que los cambios aquí no son fantasías del discurso, sino una realidad que, poco a poco y en su justa medida, quiebra las espinas que en medio siglo enconaron las metas del histórico socialismo cubano y, aunque algunos todavía estén en las orillas del camino, somos más los que empujamos para convertir a la nación en un espejo de igualdad de derechos, incluso en aristas tan íntimas como la elección sexual.