20120327002955-el-piano-copia1.jpg

 

 

Por Graciela Guerrero Garay

 

En las calles cubanas se siente el jubileo. Recuerdo la anterior visita del que jamás será olvidado Juan Pablo II. Ahora no es menos la emoción y el honor que embarga a todos por la llegada de Benedicto XVI. Es un encuentro que engrandece la cultura y la libertad de religión que existe en la Isla. 

Faltan menos de 72 horas para que el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica ponga sus bendiciones en el suelo de Cuba. Bella está la histórica Plaza de la Revolución Antonio Maceo, del indómito y alegre Santiago de Cuba. Excelentes anfitriones, seguro. El santiaguero es hospitalario, sincero, sencillo y espontáneo. Me atrevo a asegurar cuan emocionante será compartir tan especial ocasión. 

Los orientales, como llaman a quienes vivimos por estas tierras de Guantánamo, Holguín, Granma y Las Tunas, hace ya meses que han reservado sus pasajes para ir a la misa que tendrá lugar este lunes, sobre todo los tuneros, a quienes les separan algo más de 200 kilómetros y donde los católicos y el pueblo en general, en sus comunidades y a través de sus parroquias, han garantizado el transporte para estar junto a Benedicto XVI, quien fue invitado desde la visita del Cardenal Tarcisio Bertone en el 2008. 

En diciembre pasado el Jefe de Estado del Vaticano confirmó su viaje a México y Cuba, en lo que será su segundo recorrido por América Latina tras su presencia en Brasil, en el 2007, a razón de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. 

Para la Iglesia Católica esta visita tiene una significación especial por coincidir con el Año Jubilar del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, suceso del que se cumple el IV Centenario y la que fue coronada como tal en 1998 por el Papa Juan Pablo II.   

El santuario de El Cobre lo visitan cientos de cubanos y personas de diversas nacionalidades que vienen a la isla, para rezarle a la Virgencita - como le llaman con fe y amor cristiano – hacerles promesas o llevarles cumplimientos, tradición que pervive por años y que ahora revitalizará sus raíces ético-culturales – religiosas con la presencia allí, en oración a la venerada, de Benedicto XVI. 

La llegada a Santiago de Cuba del Papa, en las primeras horas de la tarde del lunes 26, es un tema recurrente entre cubanos y tuneros. Un hecho que se espera con fe, respeto y altruismo patriótico. Es, para muchos, un regalo divino de Dios y la Virgen Mambisa. Y también una muestra palpable de esa cubanìa que hace de oriente un hidalgo en gallardía y hospitalidad, cuando alguien respetado, querido y esperado con honor viene a casa. 

Es la esencia de eso que quieren decir cuando dicen por aquí ¡Qué ganas tengo que venga el Papa. No veo las santas horas de que me monte en esa guagua!  Justamente eso es el cubano, un derroche de amor y el mejor anfitrión cuando desea con el corazón lo que está esperando. 

Benedicto XVI lo sentirá a lo largo de la Isla. Será otro hito inmortal para la historia de Cuba. Menos de 72 horas antes de su visita se nota por las cuatro esquinas de los barrios. Y a medida que se acerca la hora tampoco falta la pregunta. ¿Vas a Santiago? Ojalà, como quisiera… y es que aún cuando se han dado todas las facilidades laborales y de transporte la distancia cuenta para algunos, pero lo importante es que en los tuneros, orientales y habaneros que asistan a las misas estará el corazón y respeto de todos.   

Esta cultura es raíz. El Papa conocerá a los cubanos y serán jornadas de gracia y cubanìa.