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La justicia y la violación de los derechos humanos y los principios de la familia también se le violan a Roberto, el hermano de René

Por Graciela Guerrero Garay

Es como estar cara a cara con ese sueño del cucarachón de Kafka o el noveno anillo del infierno de Dante cuando se corrobora que, desde la Casa Blanca, el gobierno de Estados Unidos y la corte federal de Miami privan a René González de viajar a Cuba, para compartir y reencontrarse con su hermano Roberto, en delicado estado de salud y hospitalizado en La Habana.

Víctima de un cáncer de pulmón, el abogado de 53 años y único hermano del antiterrorista cubano – que cumplió su condena el 7 de octubre del pasado año – ha sido un incansable luchador por la defensa y el restablecimiento de la justicia en el caso de los CINCO, no solo en su condición de abogado, sino por contribuir, como millones de profesionales del planeta, a que se respeten las normas del Derecho Internacional.

Lo cierto es que una vez más el gobierno de Obama sigue las huellas de sus antecesores  y desoyendo el reclamo de las naciones, los comités de solidaridad y los acuses de los propios norteamericanos, René es privado de disfrutar su libertad y estar junto a su familia en estos difíciles momentos que viven con la situación clínica de Roberto, porque –contra toda lógica humana y conciencia de preceptos legislativos y principios éticos, se le aplicó la condición de libertad supervisada registrada en su expediente.

La moción, que le fue negada por la jueza Joan A. Lenard y le obliga a permanecer tres años más en Estados Unidos, deviene ahora otra condena adicional, pues la Corte Federal de Miami vuelve a raspar la dignidad con sus sucias uñas al negarle el derecho de viajar por dos semanas a Cuba para ver a su hermano. ¿Qué pregunta será válida para calificar el hecho? ¡Vaya manera de hacer uso del Derecho humano y jurídico en el Sur de la Florida! Cualquier ingenioso humorista podría inventar un nuevo “colmo de los colmos” y seguro gana un Guinness.