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Por Graciela Guerrero Garay

Acabo de releer el discurso de Raúl en la clausura de la Primera Conferencia Nacional del Partido y, luego, los criterios de los colegas Freddy Pérez y la estudiante de Periodismo Yelaine Martínez. Todos tan reales y tan nuestros, como la mala calidad del pan normado que se mantiene desde que tengo uso de razón, como dice una vecina. Y tan tratados que, hasta con impotencia, tengo que al final aceptar que muchos llevan razón cuando interpelan de cuáles cambios se habla, si todo cada día va peor.

Y justo de eso se trata, ¿ por qué el pueblo percibe y comenta que va peor? Peor no va, muchas ventanas están abiertas con dignidad y amor revolucionario. Creo que como nunca, ni aún cuando el proceso de Rectificación de errores y tendencias negativas, promovido por Fidel y el Partido en la década del 80, se han removido, con honesta claridad, los cimientos desde adentro. Tampoco se habían liberado tantas prohibiciones legislativas  como ahora. ¿Y del combate a la corrupción, sin secretismo, qué me dicen? Igual de meridiano.

Pienso y creo que el asunto está, como dice Freddy, en que el arreglo no cae del cielo. Y menos en las reuniones o acuerdos que puedan acontecer desde las máximas estructuras políticas y gubernamentales, pues en el día a día, somos los trabajadores los que hacemos, como sociedad, la vida de la nación y de nosotros mismos. Y si Raúl dijo, con puntos e íes, “Es preciso acostumbrarnos todos a decirnos las verdades de frente, mirándonos a los ojos, discrepar y discutir, discrepar incluso de lo que digan los jefes, cuando consideramos que nos asiste la razón, como es lógico, en el lugar adecuado, en el momento oportuno y de forma correcta, o sea, en las reuniones, no en los pasillos. Hay que estar dispuestos a buscarnos problemas defendiendo nuestras ideas y enfrentando con firmeza lo mal hecho”. ¿Por qué no lo hacemos, y preferimos secretearlo o aceptarlo, si tenemos todo el respaldo que, por años, hemos aspirado?

Cambiar mentalidades, egos y tomar conciencia, donde ganaba espacio una falsa unanimidad y poca valentía política, no es de hoy para ahorita. Pero tampoco hay que esperar medio siglo más. Los bolsillos no se llenan sin sudar en ningún lugar del mundo, y menos ahora que la crisis económica es global y los precios de los alimentos, esencialmente, crecen como la espuma en los mercados internacionales. ¿Alguien al hablar de  lo poco que alcanzan los salarios, piensa primero en qué aporta y cómo? ¿Saca la cuenta de cuánto cuesta todo lo que consumimos, aún cuando sea de tercera y tenga recargos comerciales exagerados, para la remuneración media del país?

El trabajo es la clave de la riqueza, personal y colectiva. Pero el trabajo, no es pasarse el día flotando o haciendo chapucerías. Estudiar no es ir a la escuela y tener, mientras un maestro se pela la garganta, la cabeza llena de “ratoncitos”.  Desde adentro, en el seno del Partido, tiene que comenzar el cambio. Raúl fue igualmente preciso: “Si hemos escogido soberanamente, con la participación y respaldo del pueblo, la opción martiana del partido único, lo que nos corresponde es promover la mayor democracia en nuestra sociedad, empezando por dar el ejemplo dentro de las filas del Partido, lo que presupone fomentar un clima de máxima confianza y la creación de las condiciones requeridas en todos los niveles para el más amplio y sincero intercambio de opiniones, tanto en el seno de la organización, como en sus vínculos con los trabajadores y la población, favoreciendo que las discrepancias sean asumidas con naturalidad y respeto, incluyendo a los medios de comunicación masiva…”

En estos tiempos, donde construir puentes de fortaleza es el tema, debemos debatir con la misma honestidad con que nos llaman a un cambio por el bien de todos. Siempre hay peces que vienen a morir en la orilla, pero los más quedan en las aguas puras para luchar por su especie y multiplicarla. Resolver nuestros problemas no es de otros, es de cada uno, en lo individual, con optimismo y la vergüenza que ha hecho de esta nación un faro libre, donde nos dan gratis el derecho a la vida.

Actuemos y no confundan el gato con la liebre. Demos, pidamos después. Si hay corruptos, el ojo que los ve, que no duerma. Los bienes son del pueblo y lo que no sirve, se bota. Desde el podio o la calle no se transforma la nación. Relea el discurso y confirmará lo que quiero decir. Moral, ejemplo y trabajo son las herramientas del avance. El llamado es para todos los cubanos, empezando por los que dirigen y militan. Eso también quedó claro y exacto en las palabras de Raúl, que aplaudieron desde el corazón todos los legítimos cubanos.