20110504165404-ocho.jpg

 

Cubanos revitalizan el amor y la paz de su Bandera

Por Graciela Guerrero Garay

No debe sorprender a nadie las multitudinarias marchas que han distinguido la celebración del Primero de Mayo en cada una de las provincias cubanas, porque esta Isla lleva más de 50 años creando talismanes de su propia historia. Limpiando sus caminos. Creciendo ante las más difíciles, complejas y eventuales circunstancias.  Este Primero de Mayo es otra irrefutable confirmación de que  millones de cubanos sienten y aman sus luchas cotidianas, sus esperanzas y sueños, sus garantías y derechos, su socialismo y su Revolución.

Nada forzado ni inventado. Nada por cohesión ni miedo. Y eso, justamente, es lo que duele y tratan de imponer en el pensamiento de los pueblos los enemigos vitalicios del proceso renovador que cambió para siempre la historia de Cuba en 1959. La gente, el obrero, el profesional, el campesino, el creyente, el ateo, cubanos –reitero- van alegres a sus Plazas. Se erizan cuando cantan su Himno Nacional, se estremecen con la Internacional, lloran de alegría cuando reaparece su querido líder Fidel por la televisión. Hablan con Raúl y asienten su discurso desde el viejo butacón de sus casas. O el sillón de mimbre. O el sofá de damasco. O la silla de madera, cabilla de hierro o metal fundido.

Muchos tienen que verlo para creerlo. Muchos tienen que beber el sorbo de que son manipulados por la propaganda enemiga para ceder espacio a la verdad, para darle patente de real a lo que difunden los medios de comunicación en la isla. Nadie debe sorprenderse de este gigante Primero de Mayo, unido, compacto, revolucionario, patriótico, feliz, en paz, combativo y lleno de los multicolores tonos que matizan la diversidad de la moda que gustan los cubanos. De ese blanco, azul y rojo de la Bandera. De la gracia de los carteles y las pancartas, con el atractivo cromático de las acuarelas.

Un desfile que ha hecho historia. Otra vez. Como siempre. Cuño fiel al patriotismo que respiró el VI Congreso del Partido Comunista. Lealtad a la esperanza y la certeza de las transformaciones propuestas para mejorar la sociedad y el proyecto socialista. Confianza en los debatidos y modificados – donde hubo consenso y requerimiento – Lineamientos de la Política Económica y Social. Un apoyo rotundo a la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y sus Sindicatos. Aplauso agradecido y sincero al respeto a los derechos laborales, a los beneficios sociales de las legislaciones obreras. A la ley de Maternidad, a la protección salarial ante accidentes de trabajo, enfermedad, discapacidad temporal, jornada de ocho horas, vacaciones remuneradas, derecho al empleo.

Verdades que se llevan en el corazón y trascienden un día tan importante y socialmente necesario como hoy, Primero de Mayo. Cuba y los cubanos, prestos a seguir la cuesta, con muchos sacrificios, pero plenos en su soberanía y libertad. Tranquilos. Alegres. Bailando ahora su son y sus guarachas. Haciendo sus ruedas de casino, cantando su Guantanamera. Piropeando a las mulatas en las pistas. Tomando el Laguer a pico de botella, jarro, pomos plásticos. Gozando su fiesta. Su día. Su deseo de estar y seguir con Cuba para siempre.

Nadie lo dude. Cuba es Cuba. Y será siempre ese astro en constante movimiento para encontrar el amanecer y tibiar sus jardines. Caerle atrás a una imposible mariposa y decir VIVA hasta que las cuerdas vocales se le hinchen. Porque en el Día Internacional de los Trabajadores no hubo disturbios, no hubo bombas ni gases lacrimógenos.  Ni tiros, ni mangueras de agua, ni cascos azules ni policías armados como ninjas... de ello darán crédito los más de mil 500 amigos de más de 60 países que vinieron a compartir la fecha aquí.

Hubo fiesta y revolución. Y ahora, sobre las once de la mañana de un domingo hermosamente nuestro, cuando ya terminaron los desfiles, las plazas siguen llenas… llenas de criollos bailadores que se mueven con la misma libertad y soltura con que flamearon las banderas en una isla que siempre está de cara al sol.