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El horror de escribir estas líneas

Por Graciela Guerrero Garay

Nuevamente el horror y el repudio llenan mis cuartillas. Los franceses acaban de poner el primer cartel de muerte en Libia. La inocencia de un pueblo, sobre todo sus niños, jóvenes, mujeres y ancianos, son llevados por los intereses políticos a los caminos del cementerio.

Ya se reportan cientos de muertos. Este fin de semana la televisión cubana, en el programa de la Mesa Redonda, del canal Cubavisión, trasmitió un reporte de Telesur donde la evidencia es una: el pueblo está en la calle denunciando los intereses imperialistas.  La mano negra de los Estados Unidos está en el engendro. Los poderosos buscan las excusas nobles para confundir. Es una sucia estrategia que ya nos sabemos de memoria.

Y la verdad es la misma: muerte, desalación, un pueblo mancillado en su derecho a vivir. Seres humanos con un EPD (En Paz Descanse) de manera prematura. No basta el terror del terremoto de Japón, las alteraciones climáticas que estamos sintiendo en piel propia y en la del planeta. No basta la condena a la guerra y los llamados a la negociación pacífica de los conflictos y las diferencias.

Nada. Lobos de los lobos andan sueltos. No ahora, desde siempre. Y después hay que oír como si fuera obligatorio que América  Latina está llena de dictaduras, que Cuba viola los derechos humanos, que la democracia existe en el Norte y se respeta desde el Norte. 

Muammar Al  Gaddafi  no es lo importante, a pesar de todo. Lo importante es que la sacudida en Libia es de muerte y ultraje. Ya lo que se diga o lo que se haga no devolverá la vida a los muertos. No cerrará la herida del miedo que llevarán por siempre los niños inocentes, las madres despreñadas, las viudas, las ancianas y los corazones que con llanto y dolor recorrerán las calles desgraciadamente adornadas con el tinte rojo de la sangre.   

Ocho años después de la guerra de Irak vuelve la ronda de pánico a danzar sobre la tierra. Las garras del imperio y sus aliados desgarran la tranquilidad del mundo. Borran esperanzas. Cancelan sonrisas. Cierran ojos eternamente. Vuelvo a pensar lo mismo cuando estas noticias recorren todas las vías de las comunicaciones: Hoy, ahora, es Libia. Mañana, ahorita, somos cualquiera.

No olviden que los diferentes somos los más. Ellos, los yanquis imperialistas y sus aliados, son los mismos de siempre. Nunca eso cambió. Solo los pueblos, las víctimas reales, podemos cambiarlo.