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Por Graciela Guerrero Garay

El tema económico ha dejado de ser un espejismo para convertirse - para todos -, en una urgencia que demanda, a mi juicio,  una responsabilidad muy honesta y profunda desde adentro. Nunca hemos dejado de tener puntas de lanzas amenazando nuestra seguridad doméstica y social. En 50 años se ha peleado duro todo cuanto tenemos. Sin embargo, este momento es crucial entre tantos Cruciales.

La convocatoria a la franqueza y al espíritu crítico y autocrítico tienen las compuertas abiertas y ahora, en la discusión del Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social – (que vuelve a estar a la venta y que, incluso, los carteros – mensajeros de las oficinas de Correos ofertan por los barrios) – debe encontrar respuesta en cada cubano. Olvidar primero ese dañino pensamiento de que “no cojo lucha, si al final se aprueba lo que ya está escrito”. O lo otro de “ese no es asunto mío, para eso están los cuadros”. O lo que pudiera ser peor, que los “cuadros” crean que llevan la razón y voz cantante y pretendan silenciar algún criterio.

Es un debate de pueblo, como dice Raúl explícita e implícitamente en todas sus intervenciones. Estilo marcado por Fidel de manera permanente y promotor ejemplarizante de todos los procesos de rectificación. Entonces, hay que borrar el cuchicheo de pasillo y analizar bien, con profundidad, sentimiento colectivo y valentía, sin retórica hueca, lo que diremos, pues de ese espectro de criterios brotarán las mejoras y adecuaciones que puedan tener los lineamientos, muy certeros, necesarios, abarcadores, objetivos y realistas del contexto nacional e internacional, de nuestras debilidades, potencialidades, amenazas, oportunidades y fortalezas.

NO son para uno ni dos, es con todos y para el bien de todos.  Justamente por eso nos reconforta escuchar a nuestros trabajadores levantar la voz con firmeza y,  con honestidad, plantear sus inquietudes, sus lógicas deducciones. Preguntar qué pasará con esto o con aquello. En fin, las reuniones que hemos seguido por nuestros propios medios de comunicación, la conversación barrial, y el acercamiento personal muestran que la democracia es un derecho pleno del que disfrutamos, sucede que no siempre le damos el uso cívico y meridiano que debemos.

Apenas comienzan las discusiones abiertas del imprescindible documento, bitácora para seguir el buen rumbo del futuro y contribuir a que nuestras filas políticas puedan estudiar y valorar el sentir común y decidir las líneas del mañana. Este espíritu que aflora con tanta vitalidad y pone dedos en llagas abiertas de la realidad de la nación y el territorio debe mantenerse cada día más fortalecido, porque hasta febrero durará el proceso. No se debe pensar que “ya se ha dicho, para qué decir”. Cada quien tiene su propia manera y ninguna idea puede menoscabarse.

Aquí está la unidad de sentimientos, el verdadero cambio, la garantía de mejorar la vida por el camino que llevamos. La virtud del decoro y la validez de tanto esfuerzo, resistencia y fe revolucionaria está en el ruedo. Nada de marchitarla con escepticismo y silencios malsanos. La dirección del país confía en su pueblo y nosotros, benefactores al final de la batalla, tenemos que poner la voz donde nos corresponde, contribuir como entes sociales y productivos, y dueños absolutos de nuestra propia obra.

Creo vamos a donde se nos pide. Siento que este proyecto se parece mucho a nosotros mismos y confío, como parte y parte, de que sabremos, una vez más, quitar piedras ociosas, no viciarlas y menos tropezar con las que nos sabemos de memoria. Reitero, siempre habrá alguna mancha en el sendero. Somos humanos y no flores, pero si juramos limpiarnos por dentro, cumplimos y exigimos cumplimiento, muchas cosas, muchísimas, serán glorias de hasta siempre. Cuba es nuestra, andemos por ella.