20100316222149-miopia.jpg

Por Graciela Guerrero Garay

Es curioso con la facilidad que la gente enjuicia hoy cualquier cosa, por el simple hecho de que no sea de su agrado. Aunque es un mal netamente humano desde que Eva se comió la manzana podrida y Adán decidió darle el mordisco.  De tal suerte, la verdad y la mentira se abrazaron y, a veces, se enreda tanto el hilo de la madeja que sacarlo al aire es todo un tema.

En asuntos de política, ideología, puntos de vista y preferencias el asunto alcanza tantas formas como seres vivos existen. La psiquis y el ego se funden para marcar al hombre y no siempre la sensata cordura, razonable e imparcial, prima en los análisis, sobre todo cuando se trata de “apuntar” a gobiernos, personalidades, naciones o entes de cierta publicidad.

La más de las veces quedan al margen de los enjuiciamientos argumentos y razones, los intereses de la mayoría. El  “yo” intenta ganar la partida y todo lo que simule lo contrario a lo que se piensa, es malo.  La realidad es evidente, sobrevuela el viejo dilema entre el bien y el mal o la lucha de contrarios.

Una febril carrera que al final defiende una  verdad que se esconde en la cuestionada tesis de que “no es absoluta, sino relativa” y termina lacerando la moral, el derecho a la libre elección, la imagen o los afectos de grupos o individuos involucrados en el proceso, también marcado con cicatrices de violencia, irrespeto y actitudes demostrativas de extremo  egoísmo, mala educación o ególatra parcialidad.

A ultranza, esta tendencia se pone de relieve en los cambios de las actuales corrientes ideológicas que sacuden los explotados pueblos de nuestra América y encuentran su clímax en los enfoques que valoran todo lo explícito e implícito de la realidad cubana.  Empero, por siglos, nada escapa de estas “calabazas miopes” que pretenden estandarizar conceptos, manipular estados de opinión, plegarse a enemigos confesos, exagerar sucesos, potenciar debilidades, denigrar dirigentes, levantar campañas mediáticas, crear falsos estereotipos y aprovechar cualquier debilidad a favor de votar en contra de esa objetividad que aflora por encima de soles y manchas.

Los indios fueron buenos hasta que la colonización les arrebató sus aldeas, les quitó el oro a los ríos y los sometió al adulterio de vida, religión y cultura. De repente se convirtieron en monstruos y totalmente amenazantes para los conquistadores. El sangriento saqueo de intereses clasistas, el neofascismo excluyente, empezó a sacar las uñas. Nunca más se ha detenido.

El socialismo es malo porque reparte lo poco entre muchos, racionaliza los recursos y piensa primero en educar y dar salud a la gente, en profesar el mejoramiento social, la oportunidad de empleo, la legitimidad de las razas. El comunismo, peor. Para muchos, incluso, está por probarse todavía su efectividad.

La bonanza es el capitalismo. Pocos son los que honestamente le ponen la coma o el punto y seguido. Y, según suene el bolsillo, las prebendas, las amenazas o los agradecidos compromisos, así de bueno es.  Tanto se ha jactado de sí mismo y retocado el colorete, que la población media ni sabe que el condado de Miami – Dade encabeza la lista de los estados con mayor número de estudiantes desamparados: dos mil 382. La noticia me sorprendió en los archivos del Miami Herald, con el título EL DRAMA DE LOS ESTUDIANTES SIN HOGAR EN MIAMI, bajo la firma de Trenton Daniel. Cito una parte del texto:

Los muchachos de los albergues dicen apreciar tener un techo. Pero también reconocen que tienen que enfrentar un ambiente extraño lleno de regulaciones estrictas, temperamentos explosivos y pequeños robos. Además está el estigma de no tener casa propia y, según dicen los adolescentes, el temor de que se sepa y se burlen de ellos.

"No quiero que mis amigos lo sepan’’, afirmó un joven de 14 años que se mudó a un albergue de Overtown el mes pasado cuando su padre perdió su trabajo de chofer de rastra y luego su apartamento en la Pequeña Habana. El jovencito de octavo grado en la escuela intermedia José de Diego, en Wynwood, declinó decir su nombre.

"Si lo supieran, se reirían de mí’’, indicó.

En cuanto a los padres, tienen que vestir a sus hijos, llevarlos a la escuela a tiempo y resolver otras necesidades básicas. Algunos se las han arreglado para mantener sus empleos, pero otros tienen que buscar trabajo en un clima económico que no muestra síntomas de rápida mejoría.

Hace un tiempo escribí un artículo sobre la educación cubana y resaltaba, amén dificultades objetivas y subjetivas, sus innegables logros y si los comentarios dejados al respecto en bloguees y fórum de debate que lo replicaron fueran lanzas, pues no estuviera acá redactando estas líneas. MI propio computador se hubiese encargado de cometer el homicidio.

Este juego de calabazas miopes más que promover paquetes o ideas desideologizantes que menoscaban la realidad objetiva de las naciones, ya sean capitalistas o socialistas, del mundo desarrollado o subdesarrollado, significa para mí un ataque directo a la legitimidad de la historia, una negación a la memoria auténtica que tienen derecho a tener de referencia las generaciones futuras y una falta de respeto a la libre opinión.

Vivimos momentos cruciales, no diría de sistemas, sino de supervivencia. La realidad de un cambio climático que sentimos con asombro, crueldad y tristeza en la piel lo corrobora. Ahí están los terremotos, sus continuas réplicas, los tsunami, las nevadas, el invierno más rudo, los “calores y los fríos” de ahora para ahora en un mismo día. ¿Cuándo dejaremos de apuntar al vecino? ¿Por qué no le tendemos las manos de una vez y para siempre? ¿Qué debe suceder para dejar de ser lobos de nosotros mismos?

Escribo y me parecen pueriles mis preguntas. ¿Me las guardo? ¿Dejo que el río sangriento que hace de una pulga un elefante siga corriente abajo? No. Creo que un mundo mejor es posible, lo defiendo. En mi tierra cubana lo vivo diariamente a pesar de que necesitamos cambios medulares en muchos enfoques de la relación sociedad – individuo, no en la esencia de los preceptos y principios que la sustentan.

Mas, creo fielmente también, que el cambio esencial debe darlo el hombre por el hombre. Aspirar a una sociedad perfecta con calabazas miopes me parece imposible. Cuba siempre será Faro de América, duela a quien duela esta verdad tajante. El bien triunfará sobre el mal a la corta o la larga y opiniones contrarias andarán en pie juntillas.

Todo esto es racionalmente tolerable. Lo que no se puede aceptar como principio es que se difame so pretexto de la libertad de expresión o el respeto a los derechos humanos. Si de respeto se trata, las calabazas miopes que vomitan esteroides fétidos cada día en  los grandes medios impresos o digitales sobre Cuba y los países de América que toman el camino de los sueños de las grandes mayorías, deberían empezar por aplicárselo ellas mismas.

Y respeto, para mí, NO es callar ni silenciar la verdad, sino enaltecerla con la verticalidad de la justicia, la transparencia, la mayor objetividad posible, el argumento y la validez conceptual, humana y práctica de los más. Jamás de esos menos resentidos, malagradecidos, malos patriotas y plegados siempre a la coyuntura cotidiana que les permita comerse el pastel ajeno como el mejor de los amigos.

Esos no son buenos ni en el capitalismo ni en el socialismo y donde quiera que estén serán lo que son: una lacra humana que resta, tergiversa y se acomoda a la sombra de quienes saben que vivir, sea donde sea, es un regalo divino superpreñado de sacrificio y dolor, y que en esa escalada tortuosa segundo a segundo está el milagro de la perfección humana y social.

Ah…y los que todavía no conocen – o simulan desconocer descaradamente las partes blandas del capitalismo - lean la propia prensa americana, no miren las vidrieras. El rostro verdadero de una sociedad que hasta ahora, tampoco, puede resolver las miserias humanas de los desposeídos está ahí, tan real y abarcador en la última década que hasta la gran maquinaria de publicidad la denuncia. Lo que falta, quizás, es un llamativo cintillo en una de las calles principales de Walt Disney que diga: Apto para calabazas miopes.