20091217193730-vigilia6.jpg

 

Por Graciela Guerrero Garay

 

·        El mensaje de Fidel Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana, a Hugo Chávez, mandatario de Venezuela y firmante de la Declaración que ambos rubricaron como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), es el grito de libertad, unidad y hermandad que necesita el continente para seguir adelante frente a la hegemonía imperial y enfrentar los retos de estos tiempos, donde los cambios climáticos devienen constante  guerra por la vida. Otra vez el 14 de diciembre marca anales en la historia.

 

·        Es hermoso sentir, desde la luneta que ocupamos las grandes masas de pueblo que somos, cómo nuestros Presidentes aúnan voluntades, discuten estrategias y firman proyectos para beneficio de cada uno de los latinoamericanos de hoy y para esa herencia humana que dejaremos al mañana con la consecución de nuestras familias. Es la fe que cultivaron y vieron como posible en los hombres, próceres como Bolívar y Martí, inspiradores en este siglo XXI de ese mejoramiento humano en el que creemos y por los que lucha el ALBA - TCP.

 

 

·        La VIII Cumbre del ALBA –TCP en La Habana, Cuba, coincidente con el quinto aniversario de su creación, demuestra nuevamente que desde la diversidad emerge una sólida unidad que puede salvar a las naciones americanas y caribeñas de sucumbir ante un mundo donde el imperialismo del norte trata de resurgir, a cualquier precio, de su profunda crisis y expandir sus tentáculos de muerte para usurpar, con más rabia y sangre, los recursos humanos, naturales y materiales que le sirvan de sostén a sus intereses neoliberales y títeres.

 

 

·        EL ALBA, como coincidieron todos los dignos representantes de esta América  que echó a andar, es el anillo de oro de los pueblos. Los cubanos comentan hoy esos aires de esperanza, fuerza y certeza ideológica que bañó a la Isla de Cuba en esta primera quincena de diciembre. Los tuneros traen el tema por las calles, en los espacios comunes donde fluye la cotidianidad de obreros, estudiantes, profesionales, campesinos, intelectuales y gente común que sabe que este proyecto socialista es una garantía para un hoy, mañana y después cierto y de justicia social.

 

Por Graciela Guerrero Garay

 

El ALBA – TCP es el anillo de oro de América y las Islas del Caribe. Los éxitos alcanzados en el primer lustro de trabajo y acción de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de  Nuestra América son la prueba irrefutable de que  desde la diversidad de culturas, idiomas y particularidades geográficas pueden emerger – emergen- la  unidad, la solidaridad, la justicia y el mejoramiento de las grandes masas de las naciones, las humildes y más desposeídas.

 

 

Nadie puede cuestionar que esta VIII Cumbre ha sido una lección de moral, altruismo, desprendimiento humano y manos apretadas por la ayuda mutua, la colaboración, el respeto al hombre, pobre, obrero, indio, negro, mestizo, discapacitado, labrador. Una fuerte tabla salvadora, que navega con mucha salud y mucho esfuerzo también hace ya cinco años.

 

En cuna de la esperanza volvió a convertirse La Habana, Cuba, en esta primera quincena de diciembre.  Pero antes, el ALBA alumbró muchos rincones del continente. Un ejemplo tangible es la Operación Milagros, proyecto venezolano cubano que ha devuelto o mejorado la visión a más de un millón 800 mil personas, quienes hasta ahora no tenían medios ni recursos para pagar su asistencia médica.

 

El YO sí puedo  libró de analfabetos a Bolivia, Venezuela y Nicaragua. Seres humanos que escriben con el alma el tamaño de su felicidad. Memorias imborrables, como el  proyecto conjunto que permitirá en todos los países de la Alianza realizar un estudio clínico genético-psicosocial de personas con discapacidad, utilizando tecnología de avanzada y destacado por Raúl Castro, Presidente de Cuba, en su discurso de Clausura de esta importante reunión.

 

Más de un corazón cubano se conmovió y enjugó lágrimas cuando la Televisión Nacional trasmitió muchas de estas misiones. Nos parecía imposible que existieran personas así, con tanto dolor cuajado en los ojos y, al instante, con un brillo infinito de gratitud y alegría donde vivieron las lágrimas. Escenas e imágenes que testifican la inmensa humanidad que encierra el ALBA, lo necesitada que estaba nuestra América de una unión tan digna y cívica. Tan diferente a las alianzas imperiales, que pactan para sumar más bombas, más soldados, más terrorismo, más sirenas y más potencial bélico para poner las botas de la guerra en tierras ajenas, arrasar pueblos y violentar la paz y los derechos. Hondura es el ejemplo más cercano. Una guerra sin cohetes, pero matando libertad, sueños y legitimidad desde el primer día, el pasado 28 de junio, cuando sucedió el golpe de Estado contra el gobierno de Manuel Zelaya.

 

El alba es luz y, bienvenida, esta nueva soleada de ALBA – TCP que ilumina los caminos empedrados de esta América nuestra. Los cubanos sabemos hace medio siglo de la justicia social que brota de los proyectos hermosos y las causas nobles. De esto se habla en nuestras calles. Los tuneros, que vivimos en la que fuera prácticamente una aldea atravesada por la carretera central en enero de 1959 – cuando triunfó la Primera Revolución Socialista de América- sabemos de la inmensidad de la obra social que construimos, con bloqueo imperial desde entonces, con mercados y comercios desiguales, con amenazas e invasiones mercenarias, con enormes desigualdades entre el campo y la ciudad, con escasos recursos económicos y con una deuda externa que dificultó desde siempre el más leve intento de avanzar por ese largo trayecto de muros en que viven encerrados por un enemigo común las naciones del Tercer Mundo.

 

En Las Tunas, como en Cuba, seguimos todos por los canales de la Televisión esta VIII Cumbre del ALBA – TCP y esa mayoría de cubanos que construye puentes dentro y fuera con el internacionalismo proletario agradece y sumará siempre su talento y sus manos para que el oro de América brille, más y para siempre como predijeron dos grandes hombres de todos los tiempos, Simón Bolívar y José Martí.