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Por Graciela Guerrero Garay    Foto: Tahimi Jorge Estrada

Soy una curiosa empedernida en temas que van más allá de lo común, lo confieso sin pudor alguno. Unas veces creo que soy una especie de médico frustrado, como dice mi tía Pepa, pues alguna vez tuve la febril obsesión de estudiar medicina. Quizás todo pueda ser, hasta que escogí mi actual profesión de periodista por la insistencia de mi profesora de Historia en que era el biotipo ideal para contar una historia.

Pero no quiero divagar. Quería decirles que me enamoré del mundo de las plantas cuando un día leí en un libro muy serio que las planticas hablaban y se podían comunicar con uno perfectamente. De mi asombro, empezaron los experimentos y llegué a la misma conclusión: agradecen cuanta ternura les entregues y te lo dicen con más vitalidad, más verdor y más resistencia a los azotes del clima.

Por eso creo fielmente en el poder de las plantas y la utilidad de la Fitoterapia a través de la medicina natural. Entre uno más busca y compila, más comprende cuanto necesitamos todos de estos útiles conocimientos que nuestros tatarabuelos nos regalaron como herencia sagrada y que hoy, para muchos, es asunto de muecas y cocimientos inútiles.

En uno de esos “viajes” míos a la búsqueda de información, he encontrado este valioso compendio que no me trajo a ningún autor de vuelta, Incluso ahora no sé si lo recibí de algunos de mis amigos “Extrasensoriales”- a quienes amo y reconozco la impagable virtud de compartir tanta sabiduría necesaria -. Por eso, porque me gusta respetar el esfuerzo de los demás y en materiales adorables como este se respira mucho tesón, lo voy a reproducir textual en partes pues es larguísimo.

Vale que lo lean, aprendan y tengan a mano para curarse de una manera sana, sin temor a reacciones secundarias. Y que por demás, sirva de motivación para enseñarles a los pequeños de la familia y a los adolescentes a cuidar el jardín, a venerar el reino vegetal, a preservar el medio ambiente… porque no es un discurso temporal ni demagogo, ni un spot y menos un slogan el reclamo que nos hacen como humanos a detener el desastre ecológico, a sembrar un árbol en vez de mutarle sus ramas y a salvar la tierra que, al fin y al cabo, es salvarnos ahora y salvar a ese bebé que ahora mismo puede estar formándose en el útero de cualquier mujer de este planeta.

Pues nada, amigos míos, que aquí les va la primera parte de esta verde inyección que no necesita de jeringas ni algodón para curarnos. A veces, solo a veces, de un buchito amargo que puede ser muy dulce con el decursar del tiempo. Ya...lean y me comentan. Yo agradezco y agradezco al autor de este compendio por todo y si lo encuentra por casualidad en mi blog, dígamelo…mi correo es ggaray@enet.cu.

Tengo siempre las puertas y las ventanas abiertas. Gracias. Este es el material:

El empleo de las plantas medicinales con fines curativos es una práctica que se ha utilizado siempre. Durante mucho tiempo los remedios naturales, y sobre todo las plantas medicinales, fueron el principal e incluso el único recurso de que disponían los médicos. Esto hizo que se profundizara en el conocimiento de las especies vegetales que poseen propiedades medicinales y ampliar su experiencia en el empleo de los productos que de ellas se extraen.

La Fitoterapia, nombre que se aplica al uso medicinal de las plantas, nunca ha dejado de tener vigencia. Muchas de las especies vegetales utilizadas por sus virtudes curativas entre los antiguos egipcios, griegos y romanos pasaron a formar parte de la farmacopea medieval, que más tarde se vio enriquecida por el aporte de los conocimientos del Nuevo Mundo. Dichas plantas medicinales y los remedios que entonces utilizaban se siguen usando hoy en día.

A principio de este siglo, el desarrollo de la química y el descubrimiento de complejos procesos de síntesis orgánica desembocaron en la puesta en marcha, por parte de la industria farmacéutica, de una nueva producción de medicamentos. Para la fabricación de muchos de ellos utilizaron los principios activos de determinadas plantas medicinales, creyendo que las acciones imputables a dichas sustancias, se verían incrementadas, al poder realizar terapias donde la cantidad de principio activo es superior al que posee la planta. Nada más lejos de la realidad, ya que se comprobó que las propiedades de dichas sustancias, eran menos eficaces y existía peligro de producir intoxicaciones e intolerancias, cosa que no ocurría con la utilización de la planta entera.

No debemos olvidar que los remedios a base de plantas medicinales presentan una inmensa ventaja con respecto a los tratamientos químicos. En las plantas los principios activos se hallan siempre biológicamente equilibrados por la presencia de sustancias complementarias, que van a potenciarse entre si, de forma que en general no se acumulan en el organismo, y sus efectos indeseables están limitados. Sin embargo, a pesar de que han aumentado las investigaciones y estudios científicos de las plantas medicinales, todavía no se conocen muchos de los principios activos a los que deben las plantas sus extraordinarias cualidades.

Recordar también la gran importancia que posee la forma de recolección y conservación de las plantas, ya que las células vegetales, desde el mismo momento de la recolección, sufren un cierto número de transformaciones biológicas. Así al separar la parte aérea de la raíz, se provoca una interrupción del flujo alimenticio y de transpiración. Las enzimas que contiene, y que antes favorecían la formación de materias activas, empiezan ahora a descomponerla. En el organismo vegetal, las anteriores reacciones de síntesis orgánica, comienzan a ser suplantadas por reacciones de degradación, y el producto se transforma desde el punto de vista químico. Estas transformaciones se manifiestan con emisión de olor, modificación del color, etc. Una incorrecta recolección y desecación, aumenta la cantidad de productos de degradación, perdiendo la planta parte de su calidad.

Desde el punto de vista de la Naturopatía, el estado morboso que se manifiesta a través de la enfermedad, es la consecuencia de una larga cadena de reacciones del organismo humano, ante las relaciones permanentemente deterioradas que se dan entre el microcosmos que nos rodea. Difícilmente se vencerá a la enfermedad si antes no armonizamos la relación de estas fuerzas internas y externas.

Todo el mundo participa en su propia salud o enfermedad en todo momento, mediante sus creencias, sentimientos y actitud hacia la vida, así como, de modo más directo, mediante el empleo de las terapias adecuadas. La comprensión de esta participación, es el primer paso para cualquier persona que desee recuperarse. Debemos de tener en cuenta que una enfermedad no es simplemente un problema físico, sino más bien, es un problema de toda la persona, la cual comprende no solamente el cuerpo físico y mental, sino el cuerpo etérico (Las energías). Si este sistema, conjunto de cuerpo, mente y etérico, que constituye el todo integral que es la persona, no está funcionando en dirección a la salud, entonces las intervenciones puramente físicas no conseguirán el éxito. Hay que considerar al ser humano en su totalidad, incluso en su relación con el mundo exterior y no centrarnos exclusivamente en su enfermedad. Cada día se descuida más la importancia del individuo como persona, y se le ve más como una enfermedad. Está en nuestras manos, el ir cambiando esta actitud e iniciar una colaboración con la "persona", que permita instaurar unas costumbres sanas e higiénicas tanto a nivel individual como colectivo.

Debido a la gran amplitud del tema, estableceré una pequeña selección de plantas relacionadas con los distintos sistemas del organismo.

FITOTERAPIA BASICA PARA EL APARATO RESPIRATORIO

Dentro de la gran cantidad de plantas que podemos utilizar para tratar las afecciones del aparato respiratorio, podemos establecer una clasificación según las acciones más significativas:

Plantas con acción antibiótica, antivírica, antiséptica, bactericida (destruye las bacterias) y bacteriostática (impide el desarrollo de las bacterias) a nivel del aparato respiratorio, que ejercen dichas acciones al eliminarse por vía respiratoria gracias a su contenido en aceite esencial (la mayoría de ellas poseen también una acción expectorante): Eucalipto, Propóleo, Pino, Capuchina, Liquen de Islandia, Orégano, Abeto, Ajedrea, Tomillo, Serpol, Drosera, Grindelia, Salvia, Ajo, Bardana, Celidonia, Ciprés, Enula, Hisopo, Lúpulo, Romero, Melisa, Nogal, Loto, etc.

Plantas de acción expectorante y balsámica, es decir, que aumentan las secreciones bronquiales y reducen su viscosidad, facilitando su expulsión. La presencia de dicha secreción protege la mucosa inflamada, disminuyendo el reflejo tusígeno, por lo que también se comportan como antitusivos.

Según su mecanismo de acción, se distinguen dos grupos:

  • Expectorantes reflejos: actúan de este modo plantas ricas en saponinas que producen una irritación de la mucosa gástrica, y por vía refleja da lugar al aumento de las secreciones respiratorias: Hiedra terrestre, Hiedra trepadora, Regaliz, Pulmonaria, Capuchina, Violeta, Pensamiento, Grindelia.
  • Expectorantes directos: actúan de este modo plantas ricas en aceites esenciales que al eliminarse por vía respiratoria, estimulan las mucosas y dan lugar con ello a una acción expectorante: Eucaliptus, Hisopo, Pino, Mirra, Enula, Tomillo, Serpol, Loto, Hinojo, Anís verde.
  • También pueden desarrollar acción expectorante otros tipos de principios activos tales como lactonas, alcaloides, resinas o ácidos: Marrubio, Pulmonaria, Hiedra terrestre, Loto, Grindelia, Hisopo, etc.

Plantas de acción antitusiva o béquica (calman o alivian la tos). Esta acción la pueden desarrollar:

  • Plantas con acción antiespasmódica: Drosera, Helenio, Amapola, Tomillo, Caléndula, Celidonia, Ciprés, Hipérico, Hiedra, Jengibre, Lúpulo, Llantén, Melisa, Milenrama, Manzanilla amarga y dulce, Orégano, Pasiflora, Romero, Salvia, Sauce, Serpol, Tila, Ulmaria, Grindelia, Regaliz, Anís verde, Loto, etc.
  • Plantas ricas en mucílago, que forman una capa protectora sobre la mucosa, evitando la acción de sustancias irritantes y con ello la producción de la tos: Tusilago, Malva, Malvavisco, Borraja, Liquen de Islandia, Pulmonaria, Gordolobo, Violeta, Pensamiento, Llantén, Sauco, Tila, Zaragatona, Amapola, Lino, Alholva o Fenogreco, etc.
  • Plantas que actúan a nivel del centro de la tos: Amapola, Celidonia, Loto.

Plantas de acción febrífuga (que disminuye o hace desaparecer la fiebre) y sudorífica (que hace sudar): Caléndula, Cardo Santo, Gordolobo, Jengibre, Marrubio, Milenrama, Sauce, Sauco, Tila, Ulmaria, Rabos de cereza, Ciprés, Violeta, etc.

Plantas de acción antiasmática o antialérgica: Grosellero negro, Fumaria, Llantén, Pensamiento, Helicristo, Enula, Manzanilla dulce, Celidonia, Agrimonia, Ajedrea, Árnica, Grindelia, etc.

Plantas estimulantes de las defensas: Equinacea, Propóleo, Eleuterococo, Cola de caballo, Sauco, Tila, etc.

Plantas de acción antiinflamatoria local, por su contenido en taninos: Nogal, Ortiga blanca, Agrimonia, Tormentila, Arándano (bayas secas), Brezo, Ciprés, Hipérico, Fresno, Roble, Escaramujo, Rosa roja, Sauce, Zarzamora, etc.