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Las peores astillas: las del mismo palo

Por Graciela Guerrero Garay

 

Está probado, entre los buitres no hay armonía. En Cuba, los chistes de gallegos son casi tan populares como los de Pepito. Y  el inconexo y ridículo ataque contra el cantante latino de pop, Juanes, me ha hecho recordar aquel donde un gallego viene a la isla por primera vez y se antoja de una cotorra, como no la pueden conseguir quienes se la buscaban, tienen la idea de cazarle una lechuza.

 

El galleguito, desconocedor del animal, se traga el cuento de que es una cotorra y parte feliz.  Al regresar, al año siguiente, le preguntan si la cotorra ya habla, a lo que el boludo le contesta “lo que es hablar no habla, pero presta una atencióoooonnnn”.

 

¿A qué viene el cuento? Sencillo, los verdaderos gestores de la rabieta anticubana le venden gato por liebre a cualquier buen postor, lo manipulan y le ponen el pecho frente a las balas, mientras ellos sin decir pio están muy atentos y se llevan los billetes grandes a sus cuentas personales, para luego, si la cosa se pone malita, lavarse las manos como Poncio Pilatos.

 

¿Qué ciudadano común en Miami, ahora mismo en alerta de ser la próxima victima de los desempleados, se le ocurriría darle un matiz político a un concierto musical? El genuino admirador del cantante lo que le interesa es disfrutarlo, escucharlo, tenerlo en vivo, cerca, para emocionarse mejor. Si mientras canta piensa en rojo o negro, no importa. La música, el ritmo, la escenografía, la fuerza y calidad del espectáculo  quedará en la memoria e inmortalizará el concierto.

 

Es más cómodo “vestir” de comunista a Juanes, hacer notar que viene a la Isla a apoyar a Raúl y a Fidel. Serían más sus enemigos. No solo los miamenses y los norteamericanos. Así universalizan el odio. Y lo llevan allí, a la España del gallego del cuento, para que si quieren no hablen, pero presten atención.

 

Y lo lindo de la historia es que son cubanos. La peor astilla, con las peores mentiras. Abogan el pluripartidismo, pero se declaran enemigos confesos del comunista, del popular, del democrático y del de la luna, baste que se pronuncie por eliminar la pobreza y  socializar la propiedad o que promueva que el más infeliz puede tomarse un vaso de agua fría y le quitarán los impuestos.

 

Piden libertad para los presos políticos en Cuba y no levantan un dedo por la liberación de los CINCO antiterroristas cubanos prisioneros en sus cárceles. Abogan por los derechos humanos de los cubanos y le quitan los derechos de elección a los electores que no los apoyan, multan las empresas y empresarios que quieren o comercializan con la Isla y ahora llenan de bases militares a Colombia y se tocan el ombligo con el sentir de los colombianos.

 

Sálvense los norteamericanos de que algunos de ellos lleguen a la silla de la presidencia. Está probado que su venganza no es contra ideas políticas, ni de izquierda ni de derecha. ¿Qué firmeza de ideales pueden tener quienes están hoy con Dios y mañana con el diablo, y lo mismo tocan pito que flauta? Pura hipocresía. Neta conveniencia. Poder y dinero.

 

Nada más oportuno, ahora que se buscan conversaciones y acercamientos y la comunidad cubana y el mundo están a favor de levantar el bloqueo y agradecen a su Presidente Obama la apertura de los viajes y el incremento de las remesas a los familiares en Cuba. Tanto polo positivo necesitaba una buena carga negativa.

 

La paz dispuesta a defender por Juanes es perfecta para recomenzar el ataque. Un artista querido y popular, en franco vuelo hacia la popularidad definitiva, no arriesgaría todo por un concierto en La Habana. Pero se equivocaron. Todo artista tiene el derecho y el deber de compartir su arte con la humanidad, para eso manda Dios sus dones a sus hijos, para multiplicarlos como EL multiplicó el pan de la última cena.  El mundo está con Juanes, con Cuba y los cubanos.

 

Levantar murallas anticubanas con algo tan universal como la música no es un ultraje. Es la decadencia, es el desespero, es la agonía de saberse aferrados a que la “lechuza hable” y no habla, pero ellos siguen esperando. Quienes no debieran esperar más y rebelarse contra tanta fetidez humana son los cubanos de allá y cuyá. No por nosotros, por ellos mismos.

 

Un día, si les conviene, les declaran la guerra al vecindario. Juanes cantará a la paz, porque siempre la justicia vence y el arte es de los pueblos no de un grupúsculo resentido y frustrado que se toma cada día su propia sopa amarga.  La lechuza no hablará nunca ni tampoco cerrará los ojos. Díganselo al gallego.