20090813103917-fidelap.jpg

Por Graciela Guerrero Garay   La Foto fue tomada de Blogueros y Corresponsales de la Revolución y es de Alex Castro

La vida no podía ser tan injusta, aunque nos jugó la mala broma de enfermarte. Pero usted, Comandante, tiene para bien de los pueblos y la humanidad una voluntad inquebrantable, y aceptó el desafío.

Este 13 de agosto millones de personas en el mundo y nosotros, tus legítimos hijos y hermanos de ideas, lucha, sacrificio, sangre e identidad, tocamos nuevamente las campanas para que multipliques tus legendarias fuerzas.

Quizás como nunca, tus palabras reflexivas sean tan necesarias como el agua y el aire que exhalamos. No por gusto ese legado histórico que son tus Reflexiones encuentra un admirado eco en casi todas las naciones. Ni los grandes emporios de la publicidad y la propaganda pueden silenciarlas.

La tierra está demasiado herida por las lanzas de los apocalípticos para desdeñar el sabio pensamiento de los hombres buenos. Nadie puede quitarte el mérito, Fidel, de educarnos y compartir tu sabiduría con todos, sin pensar en recompensas ni horas de arriesgado esfuerzo. De internacionalizar esa luz propia que te distingue. Es una señal de tu calibre humano, de tu autenticidad como revolucionario, de tu desprendimiento y entrega a cada segundo de esta tortuosa existencia que nos marca.

Puedo dar testimonio de cuantos te veneran, y no son exactamente socialistas ni militan en partidos de izquierda. Son gente común, los descalzos y los sin tierra, los agradecidos. Los que valoran en todas las dimensiones concebidas que convertiste tus 83 años en un coloso de virtud humana. Los que van tras tu huella, como la del Che, en los miles de lugares que has visitado en tus disímiles y difíciles misiones. Esos, los verdaderos, festejan contigo, de cerca, en la distancia, con un sano voto, con un gesto de amor.

Esos saben, como también los otros que se muerden los dientes para no delatar que te admiran a pesar de todo, que no eres mago, que eres un hombre noble, que renunciaste a los beneficios de tu clase y tu herencia para salir a buscar el sol de las montañas, a ponerle el pecho a las balas para detener la sangre que bañaba las calles de tu querida Patria.

Empero, hiciste magia con tu Cuba y con tu América. Salvaste al África de dolores y penas perentorias. Has estado donde solo llegan los valientes, los firmes, los convencidos, los de corazón grande como las ideas magnánimas. Hay razones para quererte, y levantar la voz para bendecir este 13 de agosto en que estás vivo, útil, inquieto y previsor como en los años mozos.

No es culto a usted, Comandante. Es dar al César, lo que es del César. Es reconocer la beatitud de un estadista, es exteriorizar un sentimiento bien ganado y peleado. Es, sin otras lecturas, darle al hombre que compartió las palomas blancas de su alma, esa trascendencia invisible, notable al corazón y las entrañas, que vibra eternamente en todo lo excepcionalmente hermoso que puede hacer un ser vivo en su paso por la tierra.

¡Felicidades, Fidel! ¡Mucha salud, Comandante!