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Texto y Foto  Graciela Guerrero Garay

Este hombre me sorprende en la profundidad de sus palabras. Sus elocuentes gestos dicen de los latidos de su corazón, con más rapidez que las sílabas que salen seguras y decididas de sus labios.  No es el señor almidonado que bebe de las fuentes académicas para desterrar su humilde origen, las más de las veces ilustrado a la perfección por unos pies descalzos a mitad de un campo por arar y sembrar.

No teme confesarlo. La estampa de guajiro eterno no le va, aunque desde que abrió los ojos por allá por los montes de Las Tablas, en el municipio de Jobabo, su mamá le enseñó por destino que la tierra había que bañarla de sudor para que pariera. Y la regó bastante hasta donde pudo, pero un duende empecinado le decía por dentro que aquello no era con él.

Todavía, y no disimula su orgullo, creo que no ha cambiado nada en sus esencias. Lleva en las manos y los ojos ese brillo bonachón de los campesinos cubanos, la jarana a punta de lengua y el desprendimiento solidario como el botón que no puede faltar en la camisa. Estoy convencida, a los pocos minutos de compartir con él esta entrevista, que son estos misterios de los campos los que le abrieron los caminos de su vida.

¿Quién eres?

_ Edelio Rondón Alarcón

¿Experiencia de graduado?

_ Treinta años. Me gradué en el año 1979

¿Cómo empezaste?

_ Como maestro primario. Me licencié en Educación Primaria

¿Después?

_ Fui al Instituto Pedagógico Enrique José Varona, en La Habana, y me especialicé en Sordo Pedagogía. A mi regreso a Las Tunas, trabajo en la Enseñanza Especial, en el Centro de Diagnóstico y Orientación como Metodólogo. Luego fui Metodólogo provincial de la especialidad. También trabajo en el Instituto de Perfeccionamiento Educacional (IPE)

¿Y tu desempeño en la Psicología cuándo sucede?

_ En la década del 90 cuando me incorporo al Instituto Pedagógico Pepito Tey lo hago como profesor de Psicología. Y desde ese entonces hasta el momento he impartido varias asignaturas de la disciplina Formación Pedagógica general,  pues no solamente Psicología sino todo lo que tiene que ver con las ciencias de la educación.

FORMADOR DE FORMADORES

Galopa sobre el tiempo. Lo busca como si estuviera flotando por el techo de la habitación. Sonríe a medias. Y vuelve a desgranar las palabras.

¿…?

_ Sí, muchas generaciones de los actuales maestros tuneros pasaron por mis manos. Me he dedicado en el Pedagógico a la formación de docentes en diferentes tipos de cursos, diurnos, postgrados, para trabajadores desde el año 92, incluso algunos son mis compañeros de trabajo en el mismo instituto

Me cuentan que los alumnos confían en ti, ¿cuál es el secreto?

_  Una de las cosas que me ha permitido lograr esa confianza con los alumnos desde el primer momento es que siempre he sido llano con ellos. Nunca les he dicho que yo sentí  amor por la carrera del magisterio, siempre les he dicho que inicié la carrera sin ningún tipo de vocación…

¿No es una contradicción y la ruptura de un mito?

_ Allí en las escuelas rurales el trabajo de formación vocacional era muy limitado, yo tenía interés en estudiar, tenía ansias de superación, pero no tenía un modelo vocacional definido. La primera carrera que llegó allí fue el magisterio y esa le elegí sin ningún tipo de vocación. La cogí para salir del contexto en que vivía, en una zona rural. La vida de la agricultura no era motivación mía, nunca me gustó esa vida, buscaba otra forma de superación y ejercer una  profesión,  pero nunca pensando que el magisterio era lo mejor para mí.

 

¿Cómo se explica que hoy confiesas amarla y escogerla hasta siempre?

_ Creo fielmente,  y lo digo, que el trabajo que se haga en la escuela como tal es un elemento básico para lograr la formación vocacional de los estudiantes, pues se puede llegar allí sin una vocación y a partir de la actuación profesional de los profesores,  formar una sólida formación vocacional en estos muchachos que ingresan a estas carreras por diferentes causales.

_ Cuando llegó el Período Especial yo tuve muchas y maravillosas ofertas de trabajo, porque mi familia me hizo tentadoras propuestas  y,  sin embargo, yo no me concibo ejerciendo otra profesión que no sea el magisterio, incluso le digo a mis estudiantes que yo disfruto el intercambio  con ellos como quizás un músico disfruta un gran concierto, eso para mí hoy día está en el primer lugar dentro de la jerarquía motivacional.

Estás convencido, pero ¿este discurso convencerá a otros, en un tema “de nunca acabar”?

_  Pienso que he logrado esa formación motivacional muy fuerte, no hay contradicciones, estoy haciendo lo que me gusta y esa motivación ha llegado a un nivel tal que es un regulador básico de mi conducta. Yo donde quiera que me paro soy maestro, porque a pesar de estar en otra actividad y otros contextos, siempre tengo por dentro que soy un maestro y que el público y las personas que me conocen esperan un comportamiento acorde a mi profesión.

_  Yo creo que el trabajo de formación vocacional es básico, porque a la hora de decidir ya se decide a partir de un conocimiento de todo lo que concierne a una profesión determinada, pero también se dan casos como el mío,  donde ese conocimiento profundo cristalice a partir del trabajo que realizara la institución, porque  cuando se habla de formación  vocacional no hay que verlo en los niveles anteriores, sino también tiene que tener una continuidad donde uno está, en la institución en que uno se desempeña,  porque a veces hay alumnos que llegan con una formación vocacional fuerte y por el mal trabajo de la institución se desmotivan por diferentes razones .

Deber y profesión, ¿casados o divorciados?

_ Bueno, yo siempre he sido soldado del deber, he asumido cualquier tarea que se me de desde el punto de vista profesional como político, soy militante del Partido. La responsabilidad y las tareas las he asumido con toda la seriedad y el empeño que se requiere en esos momentos, no creo puedan separarse.

_ No es mi primera misión, en el año 83 yo fui a Angola como maestro y por una necesidad del país allá, se me convocó para que me  incorporara a las Fuerzas Armadas.  Fui capaz de renunciar a mi misión civil y me incorporé a las FAR y terminé mi misión como combatiente de las Fuerzas Armadas en Angola...

¿Es una casualidad nuevamente Angola en tu colaboración internacionalista?

_ Cuando llegué aquí seguí superándome. Tuve otra misión, que fue en Cuba, en la escuela Salvador Allende. Cuando Fidel creó el proyecto  de Secundaria Básica y necesitaba un claustro de profesores con  determinadas características,  se pidieron 10 primeros y entre ellos se me solicitó a mí que me incorporara a ese claustro. Fue en el curso 2002 y me desempeñe allí  dos años como profesor y tuve resultados excelentes. Ese año se me dio el Premio Especial del Ministro.  Era la escuela de formación de Profesores  Integrales de Secundaria Básica,  los llamados Valientes.

_ Regresé a la provincia y a partir de esta nueva colaboración que se solicita para el África , en Angola, se dio prioridad a los que habían cumplido misión en ese país, yo tenía esa deuda con la población angolana porque en aquel momento no pude ejercer.  Se me dio esa prioridad y estoy allí.

¿Qué marca la diferencia?

_ Todo, desde que tengo alumnos muy jóvenes hasta muy viejos, que todos tienen que pagar sus libros y útiles escolares hasta la prioridad que se le da al sistema educacional como tal. Pero tienen un deseo extraordinario de aprender, lo preguntan todo y eso exige mucha preparación, consagración y disciplina por parte nuestra. También nos forjamos y aprendemos. El maestro tiene siempre que aprender algo todos los días, si quiere estar a la altura de su tiempo, debe existir  una estrecha relación entre sociedad y educación y en el mundo entero han sido muy bruscos los cambios sociales, son cambios muy radicales y esto indiscutiblemente genera  que la educación no permanezca estable, la educación tiene que moverse y el educador junto con ella.

¿Algún acervo escondido en tu libreta de notas?

_ Creo que no, porque el magisterio es amor y quien lo lleva en sí y lo entrega así, siempre sentirá el placer infinito de ser, como lo siento yo donde quiera que estoy.

Nuevamente el gesto, y los ojos con todos esos destellos buenos de un hombre que se despertó para ser infinitamente pedagogo.