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Por Graciela Guerrero Garay     Fotomontaje: Chela 

Como el aletear sublime de las mariposas, su vuelo de pájaro en  rima llega a la guitarra y se anuda en la garganta... No importa el tiempo, la nostalgia o los árboles cercanos, la décima es Cuba y no hay cubano que, un día cualquiera, no haya convertido sus decasílabos versos en promesa, amor y compromiso.

Asociada a la música, desde su raíz, tiene un lugar privilegiado en la cultura nacional desde que el archipiélago tejió su identidad y nació como país y pueblo. Del arraigo popular de los poetas, trovadores e improvisadores pasa a ser expresión literaria por excelencia y la preferida de quienes llevan el verso a flor de piel. La décima en Cuba es como el café, el azúcar o el danzón.

Típica del campesino, reina del guateque en los montes y gesto de cubanía a lo largo y ancho de la  Isla, nos define como tradición  autóctona  y deviene mucho más que una estrofa del arte hablado o cantado para ser historia pictórica, de rebeldía o simpatía en correspondencia con los pareceres de sus locaciones o el contexto de su evolución.

Su carácter popular la define y es de notar su uso y presencia en los más notables poetas cubanos de todos los tiempos, sin quitarle la preponderancia que ha ganado dentro de la música tradicional y folclórica, haciéndose notar en el son, las guajiras, los boleros, las tonadas y la diversidad de ritmos y sonoridades que cohabitan en el diapasón musical, sin distingo de regiones o etnias. Es la versificación del sentimiento vivo, original, fresco, revitalizante y provocativo de un arraigo imperecedero de la nación  cubana.

Quizás sea por su intrínseco modo de desafiar el talento y la creatividad, de su flexible licencia poética o por su adaptable condición a la sonoridad de la palabra o, quién sabe, si a esa manera de decir que reta desde adentro que uno, ante su presencia, no sabe si fue echa para el hombre o el hombre nace de ella.

Cierto o no, la décima es hoy la medida exacta de la cubanía, la estrofa más popular, más sencilla, más de masas y es difícil encontrar otra nación que la haya dignificado tanto, con las voces de sus mejores poetas, de sus más románticos trovadores o con los estilos más pintorescos, la semántica más atrevida y la curiosidad más picaresca, desde todos los tiempos y para siempre.