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Por Graciela Guerrero Garay     Foto:Lloansy Díaz Guerrero

Recuerdo mi infancia. Una ciudad llena prácticamente de marabú, salvo el histórico centro capitalino que, quienes vivíamos en los barrios y las periferias, bautizamos como "pueblo". Y todos íbamos "al pueblo". A pasar un telegrama, a comprar en las tiendas, a ver una película, a sentarnos en un parque, a tomarse un helado, a todo, absolutamente a todo, hasta para llamar por teléfono.

Eran muy contadas las familias que tenían un teléfono. Y eso de caminar por las calles, sobre todo en las barriadas y las comunidades semirurales, no se me acurre ahora nombrarlas semi-urbanas, y encontrar un cabina pública era un sueño de incautos. Creo que la mayoría de los tuneros de entonces ni sabía a ciencia cierta que era eso.

Hoy la telefonía en Las Tunas es otra perla de su desarrollo y su modernidad. Poco a poco, inversión a inversión, año tras año, ETECSA - como se llama la empresa que presta este servicio en Cuba- no solo multiplica sus centros agentes, sus cabinas públicas, su lista de servicios, sus facilidades comerciales, sino que incrementa en cientos de cientos su cantidad de ussuarios privados, sin contar los estatales.

En mi edificio, ubicado en uno de los barrios más poblados de la ciudad, con unos 30 apartamentos, somos 12 las familias que contamos con teléfonos propios, en tanto hay también un centro agente (para llamadas públicas con aviso a los comunitarios y bajo el tutelaje de una casa de familia) y una cabina con dos equipos. Todo eso en el escaso espacio de 30 metros aproximadamente.

Increible, para quienes nacimos en el año 1959 y nos sentíamos reyes de Inglaterra cuando mamá, papá o abuela nos hacían con dos latas de leche condensada y una pita de hilo un teléfono para jugar a la casita. Aqui en un extremo, lata en la boca, mi hermano gritando..."oye, estás ahi?...y yo, del otro lado, latica en la oreja..."¡¿quién habla, no te oigo?!¡¡¡¡

Y después, al final de mis recuerdos, quién demonio puede dudar de que Las Tunas, mi ciudad de maravillas y espejismos, no es testimonio vivo de que Cuba es Cuba después de que yo nací.

En la Foto, una de las obras que embellecen el centro de mi ciudad. El Telepunto, todo un complejo de servicios de ETECSA que vende desde teléfonos hasta horas de navegación en Internet.